Reflexiones en línea - El Rincon Cubano

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Indetenible caída de altares impíos

Hermano cubano…hoy vienen a ti, otras almas que enferman, tanto, como sus cuerpos febriles, convulsionando en busca de la medicina que les impida doblegarse, postrarse vencidas o sucumbir sometidas a la pasión contenida por la fuerza. Tú que vives el execrable calvario que se ha legitimado en tan sagrado lugar, no estás solo, muchos son los que te acompañan en el reclamo de justicia y necesitan de ti como el fermento que hace crecer la masa irredenta del pan de cada día.

La voluntad del pueblo cubano a lo largo de más de medio siglo se ha diseminado con sus desterrados por los confines del mundo; muchos, donde el frio congela las añoranzas, tierras carentes del sol que conserve en calor, ideales de libertad que solo la dignidad y la certeza de no estar desacertados, la patria ultrajada de sus hijos demanda.

No puede exigir sacrificio expuesto quien no ofrende en su ideario algo más que la oración, porque para demandar acciones, la voz en alto debe conmover a quien, por responsabilidad global, corresponda denunciar y reivindicar el respeto a derechos inalienables; entonces sí, en ejercicio conjunto del reclamo, la razón solo podrá caer de una sola parte, donde anide el amor. Solo así, fundiendo aspiraciones y movidos por el amor a la patria, hijos, hermanos, cubanos todos, en tierra consagrada, recibirán al desterrado imbuidos por el principio de la generosidad que permita convivir en límpida conciencia.

Señálese entonces el camino sin sutilezas, así se entenderá mejor que cuando el vecino marche al frente, no debe abandonarse a su suerte, será deber de todos acompañarle; el momento augura la oportunidad de unificar propósitos en bien de todo un pueblo resuelto y ávido de actuar con el corazón, para ser dueño de una vez y para siempre, de su propio destino. Sirva también para los corazones patrios, a los que el frío de los inviernos ajenos, pueda entibiar la voluntad de aportar su acción con la que se anticipe la caída de impíos altares.

Oniel Moisés Uriarte
Madrid, 6 de mayo de 2021
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Muchas voces  se hacen indispensables

Cuando los amigos expresan inquietud por considerar que puede afectarte cuanto acontece en nuestro país y en el más sano de los propósitos recomienden no permitir que las noticias que desde éste se generan, puedan minar la salud, transmíteles tranquilidad, ellos necesitan más que tú mismo, la certeza de que no peligras en integridad física o mental. Por ello ofréceles como razón categórica que cuerpo y alma requieren en compensación, saberse útiles desde el modesto aporte de la más sincera opinión. Hazles comprender que mirar hacia otro lado no compensa, que hacer oídos sordos es engañarnos y silenciar sentimientos, traición. Aportará fuerzas a tus argumentos, el compromiso que asumes con la denuncia del ultraje al derecho de libertad de aquellos que, atrapados en el infausto proyecto de un país devastado material y moralmente, no encuentran solución ni buenas intenciones a sus mínimos reclamos. Por esas razones y muchas más, no dejar de alzar la voz, será el desagravio por tantos años de silencios, ineludible acto de responsabilidad que concienciará a semejantes que no se consideran útiles en la distancia.

¡Levantémonos de una vez en voz y cuerpo, que el embate moral les desnude y así podamos encontrarnos los que por el mundo erramos solitarios y en afrentas!

Oniel Moisés Uriarte 
Madrid, 4 de mayo de 2021
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De derechos y libertades fundamentales en descredito 

No importa qué argumentos esgrima el gobernante autoritario en el empeño por ostentar integridad y pureza en sus deleznables intenciones, si para lograr credibilidad en cada acción, vilmente tiene que recurrir al descrédito y demonización de quien disiente de sus enfermizos y egoístas propósitos. Qué importan las falacias a las que concurra en tal empeño, si en éstas solo creerán, o le harán creer que profesan el dogma de la imposición, aquellos que precisan seguir integrando la corte de despreciables aduladores, instituida sobre la trasgresión de los más elementales derechos que asisten al individuo en la sociedad.

¿Preserva y aplica el autócrata que rige los destinos de la patria los derechos fundamentales que le asisten al pueblo? Rotundamente no, cuando sus acciones solo denotan menosprecio por los hombres y mujeres a los que en nombre de la igualdad social, miente sin sonrojos. ¿Alguna vez ha tenido o tendrá la intención de respetar el derecho a una vida digna, a la igualdad de trato sin discriminación, a la integridad física y moral del individuo, a la intimidad personal y familiar, a su seguridad e independencia, a la libertad individual de reunión, de expresión, asociación ideológica y religiosa, de residencia y circulación, y de respeto al honor e inviolabilidad de su domicilio?

La soberbia con la que, a lo largo más de medio siglo Cuba se ha visto gobernada, de forma irrefutable demuestra que no. Un gobierno autoritario, no puede ser pródigo en el respeto de tales derechos, sería conceder libertades que no puede permitirse cuando de mantener el control y el sometimiento del pueblo se trate.

Sepa el desgobierno vigente en la isla, precisado a poner en acción su aparato de represión y su diabólica maquinaria de manipulación mediática, en intento de refrendar moralidad a sus cinismos y con ello hostigar y mancillar la integridad de un hombre solo que armado únicamente de límpida conciencia, reclama sus derechos fundamentales; es el aviso de la historia, cuando la suerte está echada y augura el fin de un largo periodo de sometimiento ineficaz, con inevitables episodios de insurrección.

Oniel Moisés Uriarte
Madrid, 3 de mayo de 2021                                                                                                                                                                                  
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El llamado a la alborada digna.
Quién puede decir, si no es por ira incontenida, que no puede un hombre temblar de emoción, de angustia y desasosiego ante el ejemplo de otro que abandona su derecho a la vida, para con total dignidad, otorgar luz a la alborada que la penumbra envuelve. El paradigma de ese hombre llegará a los confines donde otros hombres, por respeto, reconocerán en su decisión, que quien no teme caer obedeciendo el honor de enaltecer a sus héroes, en sí mismo cabe toda la gloria de considerarle como aquellos. Ese hombre que con satisfacción va al frente en las filas del ejército por la libertad, merece se levanten las voces en reconocimiento a su valor; no merece silencios, porque no es un espectro delirante, es un hombre que clama, desde el abandono de su fuerza vital, que otros hombres tengan la fuerza física que a él le reducen, y en pie, opten por el deber de acudir al llamado de la vida.

Oniel Moisés Uriarte.
Madrid, 2 de mayo de 2021
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Madre de mis amores:

Hoy más que nunca le necesito a mi lado, cierto es que hace mucho tiempo que dejé de ser el niño necesitado de su socorro, pero ahora le preciso más que nunca madre, para que seque las lágrimas que inundarán mis ojos, cuando la ira que consume mis entrañas, dé paso franco al desahogo espiritual que necesito. Mi llanto irreverente no es por el egocentrismo de creerme preso de mi destierro, éste poco me daña y no lo sufro. Sufro más lo que acontece allí donde descansa su cuerpo que desde ya hace tiempo abona la tierra que amara y me enseñara a amar desde su vientre.

Por todo cuanto hizo, ayúdeme usted madre a entender por qué le han traicionado aquellos en los que desde muy temprano creyera, siguiera y con total entrega, apoyara y le pido; que lo haga con prisa porque soy yo quien no quiere traicionar su memoria, madre. Usted no vivió el descalabro porque se marchó justo en sus comienzos, muy joven y a destiempo. Pero los que continuamos, forzados nos vimos a poner tierra de por medio, ¡ah, le juro que mucho siento la lejanía impuesta!, pero también he de reconocer que de gran valor ha sido la enseñanza. Sus lecciones de amor a la Patria fueron muchas que nunca he dejado de tenerlas en cuenta. Hoy, cuando ya he cruzado la edad de su partida, siento que mi alma, más que mi maltrecho cuerpo, me hace mucho más longevo para entender con claridad hacia dónde debo dirigir mis presentes y futuros esfuerzos.

Madre mía, hoy, su hijo del alma, quien poco más tiene que ofrecerle, que no sea el respeto, el amor y la confianza en su divina luz, le ruega que esa fuerza de espíritu compasivo, preclaro y justiciero, asista a quienes agonizan en sus reclamos, sin más respuesta que la terquedad del verdugo que con la fuerza delirante estrangula a muchos de los que usted formara, en su noble obra de hacer mejor a los hombres desde la cuna, mientras otros, sin más remedio tenemos que conformarnos con alzar nuestras voces desde lejos transmitiendo energía positiva, fuerza de espíritu y la fe en que un nuevo día por llegar, será mucho mejor para todos.

Le pido encarecidamente madre que escuche mi suplica porque en ello va la integridad con la que supo ilustrarme.

Con todo el amor de su hijo que nunca le olvida.
 
¡Quien con orgullo lleva su apellido Orbeal!

Oniel Moisés Uriarte
Madrid 1º de mayo de 2021
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La vida en el espanto forja la firmeza.

Los sucesos que hoy marcan la vida en la isla, a muchos puede que induzca al mutismo reverente, más que a las palabras. Ante una muerte casi inminente, inducida por la indiferencia de indolentes gobernantes, derramar lágrimas efímeras o entonar cantos luctuosos, no hace justicia a quien, decidido a entregar su vida, hace despertar a aquellos que no ven el odio con el que rigen los destinos de su nación, ególatras y codiciosos que la sumen en el deshonor.

Una decisión de vida como la que ha tomado Luís Manuel Otero Alcántara, merece por encima de todo, respeto, no por enfrentar a la muerte con decisión irrevocable, sino por la actitud consecuente con su tiempo y por honrarle el reclamo al derecho que le asiste de poder disfrutar de una vida digna. Entonces, mejor negar el luto anticipado y permitir que pensamientos enérgicos le enaltezcan en momentos de agonía.

Los opresores, seguramente vean en su víctima un bien necesario para sus propósitos, mejor aquellos que ven su vida como el triunfo sobre la tempestad que no puede echar por tierra las banderas de libertad que en pechos henchidos de alegrías eximen al sacrificado de su compromiso con la muerte.

El hombre que, en armonía, sin remordimientos y piedad por quien le oprime, entra con paso firme en la historia, hace a la patria más legitima, porque su heroísmo purifica la necedad y la vileza del que estimula el suplicio violento de su pueblo. Si permiten que un inocente muera por defender el arte con la honestidad de su inocencia, sus leyes pueden estremecer al universo con la extrema ferocidad y codicia con las que la aplican.

¡Cesen ya de aplicar sus leyes en el espanto excesivo de la severidad y la codicia que agobian a la patria! ¡No menosprecien más al pueblo, aunque pueda parecerles indiferente y frívolo, arrojo e integridad hacen que sus rodillas sean firmes y el brazo más enérgico para alzarse con la razón irrebatible de la culpabilidad que les asiste, ante Dios y los hombres que confían en la justicia divina!

Oniel Moisés Uriarte
Madrid 29 de abril de 2021
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Ante el agravio, mesura en la contienda.

¿Podrá el tirano criminalizar por mucho más tiempo a cuantos no comulguen con sus imposiciones? Puede que lo siga ensayando como escarmiento, y en el intento por silenciar la voz del que le conmina a respetar la libre expresión, el más elemental derecho de los humanos, aplique sin escrúpulos y contundencia, todo el peso de su autoritaria ley al insurgente.

Cada día más voces disonantes se suman al reclamo en demanda popular por decidir libremente el destino de la nación secuestrada…y acaso, ¿es tomado en cuenta tal derecho?, ¡nunca!, no se espere noble acción de un proyecto de país fundado sobre la felonía mal intencionada.

Aquel que, franqueando el umbral de enfermiza aprensión, que el déspota esgrime en intento de violentar su actitud, consigue exponer su sentir, sin ofensas ni descalificaciones, de forma irrebatible y sosegada, su enseñanza será mucho más fácil de asimilar, conceptuar y compartir; contrapuesta a la actitud calumniosa y desnuda de razones decorosas de quien le ataca y ofende, con el solo propósito, de incriminar su rebeldía. ¡Téngase en cuenta que la legitimidad no se afianza por el brío en su defensa, sino con la virtud de la serena honradez del que defiende!

Hoy, las calles de Cuba se agitan de vergüenza, porque el fantoche autoritario de ultrajado uniforme, de muy poco precisa para liberar la rabia que le provocan sus frustraciones. Así impone la ley que representa, intransigente y sin medidas; provocando con falsos argumentos, zarandeando con imprecisos aspavientos, revolviendo al agredido con desmedidas excitaciones. Esa es la táctica, por la que, a falta de conciencia, el represor apuesta.

Si quien en su carne recibe la afrenta, responde exaltado al protector de autócratas, su alegato de defensa enturbia, sustentando el argumento en la insubordinación descomedida. ¡Que vocifere el impostor uniformado y el alarido a sus oídos hiera! No permita el cuestionado disidente que en la acción su compostura se cuestione y tenga por seguro que, ante el sosiego de la respuesta espetada en el rostro descompuesto, la bravura del atacante verá erosionada y desmontados uno a uno sus preceptos.

¡Permita el ultrajado, que su ofensor se malgaste en la cólera que le provoca la mesura! La desazón que a este le origine no percibir la voz en susurro del agraviado al que irrita, será la más justa recompensa que le asista en defensa propia al difamado, pues al verse desarmado el acusante, sin remedio, caerán en saco roto y en descredito, todas sus amenazas.

Oniel Moisés Uriarte
Madrid 26 de abril de 2021
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Falacia mediática de un penitente.

Con más compasión que vergüenza, se ha de mirar la actitud servil y despiadada de un hombre que, sin escrúpulos, mancilla el derecho de otro mucho más integro, por el solo hecho de alzar este su voz en intento de desnudar la injusticia, la exigencia de lealtad y la privación de sus derechos fundamentales.

Cuando de la injuria se hace oficio, cabe bien poco esperar del jornalero, el rol que bien asume le hace digno ante el que manda y en pago a su servicio, sumiso y ufano, solo espera de su amo la palmada sobre el hombro que este le ofrece en demagógica conformidad.

Para ser creíble por quienes le manejan a su antojo, no se espere del injuriante más que su voz impostada, la postura erguida bien estudiada, el intento por revelar firmeza y exponer masculinidad a ultranza, todo ello acompañado de elegante y sobria vestimenta, gestos bien aprendidos efectuados con las manos en claro intento de apoyar con énfasis el falso discurso encomendado. Así es la puesta en escena del triste bufón en su rol de malogrado aprendiz de noticiario.

No es insólito que quien decreta guiones mil veces repasados confíe en tal postura intransigente; le sirve, claro está, mientras se cumpla sin reparos sus designios y el rostro del vasallo desdibuje, la sonrisa contenida, a sabiendas del daño irreversible que en su farsa al pueblo infringe.

¡Que siga sin escrúpulos mintiendo el penitente, su escarmiento merecido no será tardío! Sepa el desdichado que, en tiempo de cuentas en reclamo, el precio a pagar será oneroso y quien adeude tan elevado coste, aun en su intento de eludir el saldo contraído, la historia, que no exime responsables, recauda, aplicando la más justa de sus tesis paciente y equitativa en la demanda: < Bien abone quien mal deba lo apropiado, sin reclamos, sin rebajas, sin perdones>.

Oniel Moisés Uriarte
Madrid 24 de abril de 2021
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Cuando la intimidación no resulta en su propósito

Nunca la razón será más contundente, por basar su defensa a ultranza en la imposición de argumentos infinitamente manoseados. Podrá ser expuesta en contundencia, acompañada de gestos acusatorios, ilusoria firmeza o pueriles golpes de efecto, que no por ello implícita le acompañará la aceptación unánime de razón impuesta por decretos irracionales.

Testigos somos de la alocución teatral, farisaica y mal intencionada, que ambiciona complacer oídos enfermos, originadas desde el verbo frívolo, reiterado y sarcástico, con el que un impuesto gobernante ensaya imponer, más que convencer, que la razón solo puede concebirse de una parte. La palabra que, en boca del monótono bufón, cual papagayo iterativo, pronuncia el verso que quieren escuchar los carcamales que, en historia violentada, ensayan perpetuidad, es trivial, lacerante e insidiosa. ¡No quieren ver otra razón, hacerlo sería encandilarse!

Hoy, cuando la patria no resiste más injusticias, requiere sensatez para que la enajenación abandone el posicionamiento falaz de quienes se proclaman salvadores. Mantener el discurso vehemente, intransigente e intimidatorio, condena al interlocutor a ser barrido por la historia, sin derecho a clemencia, aun cuando como coartada, conciba que cambiar la alocución, cuando los tiempos lo demanden, le eximirá de su culpa. Es ahora y no en otra era, cuando la patria exige integridad, coraje y fuerza moral para enfrentar la obcecación de castrenses enquistados.

Es impúdico que un hombre designado, no elegido, para asumir la responsabilidad de regir los destinos de una nación, niegue a sus semejantes, el derecho a ser libres de acción y pensamiento, ¡despótica aptitud! ¿Qué derecho le asiste al fariseo? ¿Acaso, observar escrupulosamente los preceptos de leyes holgadas para privilegiados y penurias para el desafortunado hombre de pueblo llano?

Cual ventrílocuo, que abandona a su marioneta cuando la fatiga de los años apremia, es el laurel con el que se ha premiado la incondicional aptitud, servil e inconsecuente del elegido, al que, se traspasan a su haber, pasados, presentes y futuros errores, que en su esencia conllevan los insolventes, inconclusos e irrealizables proyectos sociales que a lo largo de más sesenta años se han delineado.

En una tierra donde almas en pena vagan buscando el diario sustento, hombres injustos, beneficiarios de la ignominia, escuchan ávidos, como se proclama a cuatro vientos las bondades de un sistema social hecho a cuerpo, semejanza y necesidades de la élite enquistada en el poder político y económico de la que forman parte, a ellos, no a los otros, va dirigida la arenga del necesitado, apocado y mal designado mandatario fugaz.

Tenga en cuenta quien, en tal posición, por coyuntura social se ubica, que la rueda de la historia no detiene su andar, que los más grandes altares han caído y que la memoria colectiva es implacable con quienes traicionan sus principios.

¡Cuba, hoy tierra infértil!, solo la savia del amor podrá devolverle la fecundidad que el odio acérrimo le ha secuestrado. ¡No escuchar palabras sordas de necios sin oídos, que en su intento de intimidación, encuentren resultado en sus propósitos; sería un buen acierto!

Oniel Moisés Uriarte
Madrid 23 de abril de 2021
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Entrega sin reclamos

La cuota de sufrimiento capaz de asumir un pueblo sumido en la desidia, no puede ser medida por el valor total al que asciende el dolor que le vulnera. Por lo regular, el déspota que lo infringe rebasa los límites de la paciencia colectiva, enfrentando consecuencias adversas, como respuesta de aquellos que considera incapaces de sacudirse el yugo que les oprime. ¡Para ese pueblo, honra y respeto, su dignidad le enaltece!

Para ese pueblo cimentado en el amor, no se escatime gratitud. Cuantiosos brazos se requieren en la honrosa labor de refundarle y la mejor forma de solventar cuantas obligaciones morales con su historia se haya contraído, es devolviéndole la confianza que espera de los hombres cultos que ha forjado, educados en la honradez, el coraje y la legitimidad de sus héroes.

Cuando un pueblo representa el santuario erigido en el corazón de cada uno de sus hijos, a estos trasfiere con claridad, que el amor a la patria honra y cuando a ello convoca, no compromete, cuando su concurso precisa, no exige. No remunera el esfuerzo, recompensa el alma y quien le sirve sin ansias de notoriedad, descubre el secreto del verdadero heroísmo: Vale mucho más el honor que las lisonjas.

Quien en su goce infiera pedir sin ofrecer, no ha de considerarse un buen hijo, pues la hora es de entrega sin reclamos, la tierra llora de impurezas y requiere en sus silencios la voz en cuello que se alce firme para ejercer denuncia fuera de los circos, única forma de ser tomados en serio, a la vez que escuchados, por quienes le reconozcan legítimo heredero y apoyen su firme reclamo de justicia.

Aquellos que se consideren amos de una verdad absoluta construida desde mentiras mil veces repetidas, tengan en cuenta que la historia remueve desde los cimientos cuanto escollo crece en el camino por el que los pueblos nobles han de transitar y en beneficio pleno de sus hijos todos y no solo del que se considera elegido. Retirarse a tiempo, es la acción más coherente y responsable, que evite sangre inútil, emanada del injusto enfrentamiento.

¡Consideremos que es la hora de alistar el alma! Por bandera la razón y el derecho que nos asiste. Nuestra enseña, en sagrado reclamo, demanda desde la otra orilla, donde con vehemencia le ondean los indignos en sus magnos eventos y mancillan su pureza condenándole a engalanar salones pomposos, que la razón cae de parte de quien la esgrime en bien común y no es justo extender en el tiempo tanta afrenta en su nombre.

Un hombre puede vivir feliz sin patria, pero solo hasta el justo momento que la vergüenza reclama desde la nostalgia. Tomado el cielo por derecho, ese hombre será libre de amos, pero no de añoranzas, en algún momento en su rodar por ajenos caminos, ella volverá para recordarle de donde viene y hacia donde por justicia, le corresponde volver. Es el momento que el infinito amor por la patria redime silencios y ausencias, a la vez que pide que se alcen los corazones en bien de coronar con éxito la demanda sin condiciones, de una patria verdadera para todos sus hijos.

Oniel Moisés Uriarte 
Madrid 22 de abril de 2021                                                                                                                                                                                 
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El triste encono de un ilusorio heredero.

No puede haber una raza de hombre más vil, que aquella que personifica su terquedad en el sometimiento de hombres dignos que cimentan su existencia en el amor y la lealtad. Esa raza vil no concibe otra forma de aplicar su hegemonía que no sea imponiendo por la fuerza y el engaño, la perdurabilidad en el tiempo.

Quienes ensalzan esa raza infame no pueden más que sentarse obedientes a su mesa para recibir las sobras del convite. Estos forman parte de una raza aún mucho más vil, conformada por hombres indignos que, en sus ansias de poder, no dudan en sacrificar al pueblo de dónde provienen. Esa raza despreciable, para lograr su objetivo, recurre a la falacia de considerarse elegidos por méritos propios, cuando en la soledad de sus vergüenzas se reconocen como seres impropios, que destacan solo en la obediencia, la adulación y la resignación por cobardía.

¿Cómo pueden estos sustentar continuidad en el fracaso, cuando las razones evidencian, que prolongar en el tiempo el despropósito, es en sí mismo, un escenario insostenible? Al parecer, para ellos, no cuentan las huestes de cubanos que han emprendido el camino de la expatriación, ni les conmuevan los despojos humanos sin sepulturas, desaparecidos en el fondo de un mar inabarcable en su inmensidad y al que por ironía del destino llamamos “Estrecho”. Puede que tampoco les signifique en lo absoluto el presidio político in crescendo, al que desacreditan y en muchos casos niegan. Es evidente que para nada se conmueven ante el dolor de quienes han sufrido la pérdida de sus seres más queridos, unos, pasados por las armas como pago al disentimiento, otros, caídos combatiendo en tierra ajena a título de un internacionalismo, evidentemente, condenado al olvido.

¿Qué mayor afrenta podrán cometer en nombre del falso ideal que pretenden perpetuar?

Puede, que cuando las leyes ya no intimiden al pueblo y las ansias de recuperar la libertad incautada sea indetenible, sin más pretextos que el sostenimiento de mandatos heredados de caudillos delirantes que imponen sucesores, osen contener por la violencia, el vehemente e inapelable reclamo de una sociedad harta de promesas y esperas de tiempos de bonanzas que nunca han de llegar.

Avergüenzan esos hombres viles crecidos en una generación de la que no deben abochornarse los dignos que de ella forman parte, esos mienten más que hablan. El hombre que, en su verbo inclusivo de injurias, invalida la expresión de quien no comulga con sus preceptos, no le asiste más que la falsedad como defensa denigrante ante la insuficiencia de sólidos argumentos. Esos hombres sin respetabilidad merecen reprobación unánime, el rechazo de quienes sufren en silencio injustas precariedades y la supresión inmediata del derecho a continuar coartando libertades fundamentales.

¡No pretendan hombres viles, que engendre del sometimiento, tolerancia sin límites! La paciencia de los pueblos declina cuando el rostro descarnado de su gobernante no consigue disimular la falsedad, dejando al descubierto, sin más opción, las doctrinas que ha heredado, todas, sin excepción, manchadas de sangre.

Oniel Moisés Uriarte
Madrid 21 de abril de 2021
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Desmontando un alegato que la historia tendrá que condenar. Parte III.

¿Será conveniente que aplique como remedio rasgarme el pecho para extirpar a Cuba de mis pesares, cuando hoy se me hace imposible soportar el dolor que produce la punzante herida que me incinera por dentro? No es justo seguir fingiendo que el escozor que origina su presente no me quema, cuando la piel reluce mientras el intestino desangra. Cuba tiembla, se retuerce, llora y se desvanece en cada imagen que mis retinas atrapan, en ellas veo como mi gente sufre los embates de un temporal que se extiende por más de seis décadas. Un pueblo al que no le alcanzan las fuerzas para afrontar el día a día entregado a la supervivencia y a subsistir en una economía en ruinas sostenida por la arenga mil veces repetida, mientras se llenan las arcas de unos pocos con el sacrificio de quienes considerados contrarios, nos vemos en la obligación moral y sentimental de sustentar la precaria vida de nuestros familiares que enfrentan la cruda realidad que se les impone.

No puedo callar ante el absurdo sostenimiento de un proyecto frustrado que sacrifica al pueblo cubano condenándole a sufrir en carne propia las consecuencias acarreadas por los errores, desaciertos y despropósitos de sus ineptos gobernantes, mientras un grupo de privilegiados se aferran a la convicción de perpetuar ideales como justo proceder histórico. La historia no da para más y lo saben, es derecho inalienable del ser humano pensar, desarrollar ideas, crear y fundar libremente, en beneficio propio, de su familia y de la sociedad, axiomas que el Apóstol de Cuba, con profunda convicción, defendiera con su vida.

¿Cuál sería hoy el posicionamiento político de José Martí, el más grande pensador de nuestra historia, al ver como en su nombre se comenten actos denostables contra el pueblo y el proyecto de vida que con tenacidad defendió al coste de su propia vida?

En el juicio por el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Cespedes, el 26 de julio de 1953, el principal acusado, en su defensa, citaba al maestro: <Que hable por mí el Apóstol: “Hay un límite al llanto sobre las sepulturas de los muertos, y es el amor infinito a la patria y a la gloria que se jura sobre sus cuerpos, y que no teme ni se abate ni se debilita jamás; porque los cuerpos de los mártires son el altar más hermoso de la honra.”... <Cuando se muere en brazos de la patria agradecida, la muerte acaba, la prisión se rompe; ¡Empieza, al fin, con el morir, la vida!> … si entonces el Apóstol habló en su voz, debería permitírsele hablar a través de quien hoy reivindique las vidas que han quedado truncadas después del 59, ¿o esas muertes no cuentan en la historia que día a día desde entonces escribe el pueblo cubano?

Según las propias palabras del enjuiciado, su valoración acerca de la situación vivida en Cuba en los años cincuenta, muy poco difieren de lo que hoy se vive en la isla: <Ausente del más elemental contenido revolucionario, el régimen de Batista ha significado en todos los órdenes un retroceso de veinte años para Cuba>. Ante esta cita que alude al tiempo de regresión que sufriera la isla me pregunto: ¿En los últimos sesenta y dos años, cuantificamos el tiempo que hemos retrocedido?

Siguiendo con su cita acusatoria, argumenta: <Todo el mundo ha tenido que pagar bien caro su regreso, pero principalmente las clases humildes que están pasando hambre y miseria mientras la dictadura que ha arruinado al país con la conmoción, la ineptitud y la zozobra, se dedica a la más repugnante politiquería, inventando fórmulas y más fórmulas de perpetuarse en el poder, aunque tenga que ser sobre un montón de cadáveres y un mar de sangre>.

Entonces mi pregunta: ¿Es que en más de sesenta años de proyecto malogrado no cuenta el precio tan alto que hemos pagado los cubanos por forjar al tan anunciado hombre nuevo que se ha hecho viejo fuera de sus raíces? ¿Acaso esos grupos de poder no se ven reflejados en la ignominia de permitir la ruina a la que se han conducido con total desentendimiento, ciudades, pueblos y campos de Cuba? ¿No es acaso perpetuarse en el poder las más de seis décadas de férreo gobierno?

Como lección de historia para remover conciencias, presume en su alegato de defensa de un profundo amor patrio por los próceres cuando cita: <Se nos enseñó a venerar desde temprano el ejemplo glorioso de nuestros héroes y de nuestros mártires. Cespedes, Agramonte, Maceo, Gómez y Martí fueron los primeros nombres que se grabaron en nuestro cerebro; se nos enseñó que el Titán había dicho que la libertad no se mendiga, sino que se conquista con el filo del machete; Se nos enseñó a querer y defender la hermosa bandera de la estrella solitaria y a cantar todas las tardes un himno cuyos versos dicen que vivir en cadenas es vivir en afrenta y oprobio sumidos, y que morir por la patria es vivir. Todo eso aprendimos y no lo olvidaremos, aunque hoy en nuestra patria se esté asesinando y encarcelando a los hombres por practicar las ideas que les enseñaron desde la cuna>.

Ante lo expresado con tanta vehemencia me pregunto: ¿Acaso hoy no se le está negando al pueblo cubano el reclamo al derecho histórico que le asiste de honrar a sus héroes y mártires exigiendo, sin mendigar, se escuche su legítimo reclamo de libertad, sustentado en el amor a la honrosa bandera que ondea en nuestros corazones acompañada de las gloriosas notas del himno que con orgullo cantamos desde la cuna? Todo lo aprendido y esgrimido en una etapa de nuestra historia al parecer no es válido ni aplicable, parece más recomendable el olvido de sus enunciados, aunque hoy en nuestra patria se encarcele, se persiga y mueran hombres que intentan practicar ideas tan arraigadas. ¿Se han olvidado ya que las más feroces especies del mar han saciado su sed de sangre devorando cuerpos en busca de libertad? ¿Se han olvidado las vidas cegadas por pelotones de fusilamientos y de las que se han apagado por inanición, vencidos tras perseverantes huelgas de hambre?

Para concluir su alegato de defensa, el acusado sentenciaba: <Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre, ¡tanta era la afrenta! Pero vive, no ha muerto, su pueblo es rebelde, su pueblo es digno, su pueblo es fiel a su recuerdo; hay cubanos que han caído defendiendo sus doctrinas, hay jóvenes que en magnífico desagravio vinieron a morir junto a su tumba, a darle su sangre y su vida para que él siga viviendo en el alma de la patria>.

Por supuesto que el Apóstol sigue vivo para los cubanos todos, para quienes lo han utilizado como excusa en sus desmanes como para los que le dignifican en sacrificios. El pueblo cubano seguirá hasta el fin de sus días siendo rebelde, digno y fiel a su recuerdo, y por supuesto seguirán cayendo los que defienden sus doctrinas con el corazón, pero también caerán los que han denostado su legado, para que el maestro siga viviendo en el alma de la patria.
Por estas muchas razones en mi intento por desmontar un alegato al que considero la historia se encargará de juzgar, a modo de resumen cabe una pregunta más:

¡¿Cuba, qué será de ti si permites seguir mancillando el pensamiento de tu Apóstol?!

Oniel Moisés Uriarte
Madrid 15 de abril de 2021
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Desmontando un alegato que la historia tendrá que juzgar. Parte II.

Frente al tribunal que juzgaba los hechos acaecidos el 26 de julio en la más oriental de las provincias cubana, aquel abogado que lideraba el pensamiento político que con una acción armada promovía el cambio en Cuba de la década del cincuenta, en su defensa exponía fundamentos que pretendía ilustrar, a la vez que justificar, el porqué de aquel movimiento revolucionario que encabezaba.

Sería bueno recordar que cuando Cuba nació como República para el mundo, el 20 de mayo de 1902, en su Constitución se hacía alusión a la pena de muerte, y se prohibía expresamente aplicarla por delitos políticos. La de 1940, ejemplar para su época en su artículo 25 declaraba: <No podrá imponerse la pena de muerte. Se exceptúan los miembros de las Fuerzas Armadas por delitos de carácter militar y las personas culpables de traición o de espionaje en favor del enemigo en tiempo de guerra con nación extranjera>. Los asaltantes a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Cespedes fueron juzgados bajo los Estatutos Constitucionales impuestos por Batista el 4 de abril de 1952 que abolía la constitución de 1940 y se instauraba la pena de muerte para los hechos de gansterismo y pistolerismo pero no aplicable a quienes promovieran un alzamiento armado contra los Poderes Constitucionales del Estado.

De aquel alegato destaca, sin lugar a dudas, un párrafo que bien podrían leer con detenimiento aquellos que siguen a pie juntillas las arengas del caducado discurso que se intenta perpetuar a título de continuidad, juzgue por usted mismo si estas palabras pronunciadas hace casi setenta años tienen o no vigencia hoy. Copio fiel el texto contenido en “La historia me absolverá” y solo omito un nombre, utilice usted el que considere oportuno.

“Os voy a referir una historia. Había una vez una república. Tenía su Constitución, sus leyes, sus libertades, presidente, congreso, tribunales; todo el mundo podría reunirse, asociarse, hablar y escribir con entera libertad. El gobierno no satisfacía al pueblo, pero el pueblo podía cambiarlo y ya sólo faltaban unos días para hacerlo. Existía una opinión pública respetada y acatada y todos los problemas de interés colectivo eran discutidos libremente. Había partidos políticos, horas doctrinales de radio, programas polémicos de televisión, actos públicos, y en el pueblo palpitaba el entusiasmo. Este pueblo había sufrido mucho y si no era feliz, deseaba serlo y tenía derecho a ello. Lo habían engañado muchas veces y miraba el pasado con verdadero terror. Creía ciegamente que éste no podría volver; estaba orgulloso de su amor a la libertad y vivía engreído de que ella sería respetada como cosa sagrada; sentía una noble confianza en la seguridad de que nadie se atrevería a cometer el crimen de atentar contra sus instituciones democráticas. Deseaba un cambio, una mejora, un avance, y lo veía cerca. Toda su esperanza estaba en el futuro. ¡Pobre pueblo! Una mañana la ciudadanía se despertó estremecida; a las sombras de la noche los espectros del pasado se habían conjurado mientras ella dormía, y ahora la tenían agarrada por las manos, por los pies y por el cuello. Aquellas garras eran conocidas, aquellas fauces, aquellas guadañas de muerte, aquellas botas... No; no era una pesadilla; se trataba de la triste y terrible realidad: un hombre llamado … acababa de cometer el horrible crimen que nadie esperaba.

Sobre el líder máximo del movimiento pesaban 26 años de prisión por los delitos de ser autor de un hecho dirigido a promover el alzamiento de gentes armadas contra los Poderes Constitucionales del Estado y de llevar a efecto la insurrección. Aquel grupo de jóvenes y su líder a los dos años de llevada a cabo la acción armada fue amnistiado y ya libres todos, en su mayoría se exiliaron en México desde donde continuaron organizando lo que bautizaran como: “La Revolución”.

El 1ro de enero de 1959, logrado el triunfo, el primer paso que dio el nuevo sistema político instaurado, cumpliendo uno de los puntos de su plataforma programática, fue devolver la Constitución de 1940, pero con una particularidad muy especial: El artículo referido a la pena de muerte:

<Artículo 25. No podrá imponerse la pena de muerte. Se exceptúan los casos de los miembros de las Fuerzas Armadas, de los cuerpos represivos de la Tiranía, de los grupos auxiliares organizados por esta, de los grupos armados privadamente organizados para defenderla y de los confidentes, por delitos cometidos en pro de la instauración o defensa de la Tiranía derrocada el 31 de diciembre de 1958. También se exceptúan las personas culpables de traición o de subversión de orden constitucional o de espionaje en favor del enemigo en tiempo de guerra con nación extranjera.>

Este hecho desde hace ya muchos años por más vueltas que le he dado siempre me lleva a la misma reflexión, cuando de analizar el postulado revolucionario enarbolado por entonces se trata:

<Cubanos, todo cuanto hicimos para lograr un eterno presente, nunca podrás hacerlo igual contra nosotros, desde las condiciones materiales, imposible, de ello nos amparamos con la ley en la mano. Todo cuanto hacemos, aunque parezca brutal y te duela, solo lo hacemos por tu bien y para tu mejor aprendizaje. Has siempre lo que te digamos, no intentes hacer lo que hacemos, ello nos cabe por derecho adquirido y así será por los tiempos de los tiempos con nuestros descendientes>

Hoy, cuando a la distancia del tiempo transcurrido vuelvo a sumergirme en el contenido del documento que en su momento pudo ser histórico, encuentro que no es más que el reflejo de la cruda realidad cubana actual, alegato que bien pudiera volver a escucharse ante cualquier sala de justicia que intente sofocar las ansias de libertad de un pueblo que ha sido engañado muchas veces y que vilmente lo ha sido nuevamente a lo largo de sesenta y dos años. Un pueblo maniatado en nombre de la justicia social, que solo fue, es y por poco tiempo más será, espejismo en un desierto donde ya se encuentran al descubierto y sin sombra que les proteja, los que enarbolan consignas estudiadas, diseminan mentiras disfrazadas de buenas voluntades, restringen derechos fundamentales e intentan seguir sometiendo y oprimiendo, amparados por una constitución que es utilizada en nombre de ese mismo pueblo, arrogándose el derecho a encarcelar, aplicar exilios involuntarios y privar de la vida a quienes, una cúpula de poder, ha considerado contrarios y los presenta como enemigos de la sociedad.

¡Condenadles importa, LA HISTORIA LOS ARSORBERÁ!

Oniel Moisés Uriarte 
Madrid, 11 de abril de 2021
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Desmontando un alegato que la historia tendrá que condenar. Parte I

En este 2021 se cumplirán sesenta y ocho años desde que fuera pronunciado el alegato que en su defensa presentara el por entonces incipiente abogado Fidel Castro, en el juicio por el levantamiento y asaltos a los cuarteles Moncada en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo, el 26 de julio de 1953. “La historia me absolverá” fue el texto que escribiera en presidio entre su llegada en octubre de 1953 y abril de 1954, donde se resumían los seis problemas fundamentales que confrontaba Cuba en aquellos años convulsos:

1. El problema de la tierra
2. El problema de la industrialización
3. El problema de la vivienda
4. El problema del desempleo
5. El problema de la educación
6. El problema de la salud

A casi siete décadas de aquellos hechos, Cuba confronta los mismos problemas, pero aún más recrudecidos. La tierra no produce, la industria se ha desmantelado en un alto por ciento, la situación de la vivienda es cada día más precaria, el desempleo crece en cifras galopantes, mientras el auto empleo se restringe, la educación de las nuevas generaciones ha retrocedido en grado extremo y el sistema de salud es totalmente inoperante, como carente de recursos. Podrá parecer exagerado este análisis, pero tristemente, no lo es para nada.

Hoy, como desde siempre, son muchas las almas en las que queda el latido de amor a la patria, de amor a la humanidad, de amor a la justicia, que piden ser escuchados con atención como en aquel alegato Fidel pidiera ser escuchado. A estas almas se les ha obligado al silencio durante muchos años mientras se ha ocultado la verdad por todos los medios posibles; contra estos sí que se alzado la conjura del olvido. Pero esas voces no se han ahogado, por eso: han cobrado y cobran fuerza en muchos pechos mientras más solos se ha intentado se hayan sentido, a ellos habrá que dar gracias por todo el calor que le han negado las almas cobardes.

En su alegato Fidel entendía por pueblo, cuando de lucha se habla, “la gran masa irredenta, a la que todos ofrecen y a la que todos engañan y traicionan, la que anhela una patria mejor y más digna y más justa; la que está movida por ansias ancestrales de justicia por haber padecido la injusticia y la burla generación tras generación, la que ansía grandes y sabias transformaciones en todos los órdenes y está dispuesta a dar para lograrlo, cuando cree en algo o en alguien, sobre todo cuando cree suficientemente en sí misma, hasta la última gota de sangre”. No olvidemos que la primera condición de la sinceridad y de la buena fe en un propósito, es hacer precisamente lo que nadie hace, es decir, hablar con entera claridad y sin miedo. Los demagogos y los políticos de profesión hoy también quieren obrar el milagro de estar bien en todo y con todos, engañando necesariamente a todos en todo. Esos revolucionarios van proclamando sus ideas valientemente, definiendo sus principios y expresando sus intenciones para que nadie se engañe, ni amigos ni enemigos, algo que ya ni ellos mismos se creen.

Resuenan muy actuales consideraciones como: “Nosotros llamamos pueblo si de lucha se trata, a los cubanos que están sin trabajo deseando ganarse el pan honradamente sin tener que emigrar de su patria en busca de sustento; a los miles de profesionales jóvenes: médicos, ingenieros, abogados, veterinarios, pedagogos, dentistas, farmacéuticos, periodistas, pintores, escultores, etcétera, que salen de las aulas con sus títulos deseosos de lucha y llenos de esperanza para encontrarse en un callejón sin salida, cerradas todas las puertas, sordas al clamor y a la súplica. ¡Ése es el pueblo, cuyos caminos de angustias están empedrados de engaños y falsas promesas, no le íbamos a decir: “Te vamos a dar”, sino: “¡Aquí tienes, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sean tuyas la libertad y la felicidad!” Sesenta y dos años, de promesas incumplidas es mucho tiempo, tiempo en el que no se ha dejado de luchar con todas las fuerzas sin que la libertad ni la felicidad se hayan vislumbrado nunca, por el contrario, cada año el precio a pagar por la vida para los cubanos ha sido de puro quebranto y menosprecio, mientras unos pocos van amasando fortunas y disfrutando privilegios.

Tendría unos dieciséis años cuando leí por primera vez “La Historia me absolverá” manifiesto con el que logré identificarme dada la postura irreverente y audaz de su contenido, hoy, cuando he vuelto a sus páginas buscando una frase, un pensamiento, una idea en el reflejado, con las que identificarme, solo he encontrado vergüenza ante la candidez con la que asimilara tal despropósito entonces.

Todo cuanto fue expresado en aquel alegato (que una vez pudo ser histórico) hoy apenas recurrido, seguramente por la similitud con la cruda realidad actual, representa y condiciona los mismos reclamos sociales, así como las imprescindibles e inapelables ansias de libertad de acción, expresión y pensamiento de un pueblo que está al borde de escribir una nueva página en su historia provocado por la ausencia de miedos cuando ya no tiene nada que perder.

Hoy Cuba demanda a los que gobiernan con mano férrea, el cese inmediato del sometimiento aplicado con opresión por defender algo que ya es indefendible, ineficaz y caducado en el tiempo. Cuba hoy demanda de aquellos que forman parte del gobierno y dirigen con vergüenza, sintiendo la necesidad del cambio en sus formas y estructuras, la valentía necesaria para enfrentar a los que se parapetan en el inmovilismo pensando solo en intereses personales y en egoísta posicionamiento se anteponen a las necesidades de la nación. Cuba demanda de todos sus hijos unión, consenso y dialogo. Cuba demanda solidaridad de todos los países que han mirado y miran hacia otro lado cuando saben de la necesidad que tiene el pueblo cubano de romper con más de seis décadas de cómplices silencios que ya no dan para más.

Siendo un adolescente a través de “La historia me absolverá” pude conocer, con mucho pesar, cuanto acontecía en nuestra patria hace setenta años, hoy, al volver a sus páginas no es menos el dolor que me embarga al ver que hemos regresado en el tiempo al punto de partida. Solo hay que tener en cuenta que en Cuba desde hace sesenta y dos años se encarcela a los hombres por practicar las ideas que en aquel alegato se exponían o por defender lo que con ahínco se nos inculcara desde la cuna: Haber nacido en un país libre legado por nuestros padres y ser herederos de la decisión de primero hundir la Isla en el mar antes que consentir ser esclavos de nadie.

Si Cuba hoy demanda el cambio, es por extrema necesidad y creo con toda sinceridad que quienes tienen la responsabilidad de propiciarlo van muy justos de tiempo, o apuran el paso, o sencillamente, junto a todas sus doctrinas, ideas y pensamientos, la historia los absorberá.

Oniel Moisés Uriarte
Madrid, 9 de abril de 2021
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Parábola del viejo reloj

Revolviendo cajones del más antiguo armario de la casa familiar, en el fondo de uno de ellos encontré un viejo reloj, que al parecer esperaba pacientemente, después de muchos años de reposo absoluto, que alguna mano generosa le rescatara del obligado confinamiento que un día su dueño, por lo deteriorado de la estructura metálica de la caja, el cristal muy rayado y la desgastada correa de cuero, le destinara.

Al tomarlo entre los dedos y casi con el desdén que puede generar un objeto inanimado, sucio, antiguo y deteriorado por el paso del tiempo, estuve a punto de echarle a la basura, cuando de pronto, como por arte de magia, el secundario echó a andar con paso lento hasta marcar el ritmo acompasado del tiempo para el que hacía más de sesenta años fuera fabricado.

Indagué la procedencia de aquel objeto y supe que su único dueño lo adquirió en una joyería justo al nacer su segunda hija cuando ya corría el año mil novecientos sesenta, el que usara ininterrumpidamente durante treinta años, lo que arrojaba la para nada friolera cifra de treinta y dos años desde el momento que aquel viejo reloj, a inicio del noventa, fuera relegado a un oscuro rincón y detuviera su andar.

Remitiéndome a Internet, busqué por el nombre grabado en la esfera, la historia de aquel reloj que, a pesar de su penosa apariencia, me transmitía la sensación de haber tenido un pasado luminoso. Para mi sorpresa, lo primero con lo que di de narices, fue el alto precio con el que en varias páginas especializadas partían las subastas originada por la valoración que coleccionistas de relojes le han concedido a lo que ante mí se descubre como tan especial objeto vintage.

Certina, nombre que identifica la añosa joya en mis manos, proviene de la palabra Certus que en latín significa “Seguro, Cierto” y en especial el modelo S-2 que lanzara la marca en 1959 fue el boom que le afianzara en el mercado por la doble seguridad que ofrecía: una caja extremadamente fuerte con un anillo interior que rodeaba la maquinaria automática protegiéndola de los golpes y sumergible a 200 metros de profundidad en el mar. En resumen, automático, antigolpes, y sumergible 200 m en el año 1959, por supuesto que era para tenerlo en cuenta.

Con mucho esmero limpié el reloj que se descubría cada vez más flamante y majestuoso, como si tantos años no hubieran transcurrido desde que viera la luz. Sesenta y dos años, casi mi propia vida, la única que he vivido, la única que me ha correspondido vivir, son los años que encierra de historia en sí misma, tan preciada joya.

Mientras su dueño, el mismo que le condenara al ostracismo, lucía en su muñeca otros mucho más modernos, pero seguramente menos valiosos, el reloj dormía el sueño eterno en un cajón olvidado y oscuro, sin saber que otros con su misma identidad no se quedaron en el tiempo y siguieron haciendo historia, los que le continuaron hoy son mucho más atractivos, funcionales, seguros y costosos. Quizás muchos fueron los que conocieron su historia y la valía de las prestaciones de las que en su día hiciera gala; hoy pocos son los que se interesan por su existencia, aunque reconozcan cuando descubren las leyendas que le envuelve, que una vez fuera pionero en innovaciones, símbolo de elegancia, modernismo y status social. Hoy a sus sesenta y dos años no es más que el objeto vintage que representa, el que te deja la duda si llevarlo en tu andar o relegarlo definitivamente, dando paso al uso de nuevas tendencias como los tiempos demandan.

Oniel Moisés Uriarte
Madrid 17 de marzo de 2021
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Por qué me ves como ajeno.

El derecho a la vida es el derecho que reconoce a cualquier persona por el simple hecho de estar viva y que le protege de la privación u otras formas graves de atentado por parte de personas o instituciones. El derecho a la vida no solo protege a las personas de la muerte, sino de toda forma de maltrato o violencia que haga su vida indigna. Así, atentan contra la vida, el genocidio, el terrorismo, la tortura, el secuestro o la desaparición forzada de personas, la esclavitud y los malos tratos.

Usted que cuestiona cualquier elección de vida que no comulgue con la suya. Usted que no considera otra opción que imponer la muerte como solución única ante lo que considera desagravio patrio. Usted que se erige como patriota legitimo y salvaguarda de una ideología incuestionable. Usted que mira hacia otra parte o estimula a quienes ejercen la violencia contra otros que no se avienen a sus designios, le recomiendo tenga la cordura de abstraerse de la obcecación irresponsable que le conduce a no reconocer el derecho a la vida de quienes considera contrarios.

En este mundo globalizado e inundado de tecnología que habitamos hoy, las imágenes vuelan de un punto a otro con inmediatez, nítidas y con total facilidad, aun cuando usted se propone imponer el silencio cómplice. Tristemente he visto unas muy recientes que me han estremecido. He visto llevar al límite del miedo a una familia, incluidos niños, provocado por el desenfreno de un grupo de hombres y mujeres obcecados e incitados por un odio irracional, penetrar en las inmediaciones de una propiedad para realizar pintadas, vociferar ofensas, y corear consignas proselitistas. Pena de horda delirante que mancilla los derechos a la libre expresión.

He visto también a una fiel guardiana del orden público arrebatar de las manos de su propietario un dispositivo móvil que registraba con su cámara el accionar prepotente de otro agente, y no conforme, multarle y arrestarlo, cual émulo de las fuerzas policiales que desde siempre se ha criticado por violento accionar en los llamados países democráticos. Policías y militares en las calles sin mediar otra razón que la inconciencia que da el poder, violentando la paciencia, hace que rebusque entre los poemas que escribiera Nicolas Guillen en sus “Cantos para soldados y sones para turistas” y he aquí el que bien pudiera ser una llamada de alerta ante tanto despropósito manifiesto.

Soldado, aprende a tirar: 
Tú no me vayas a herir, 
que hay mucho que caminar.
¡Desde abajo has de tirar, 
si no me quieres herir!
Abajo estoy yo contigo,
soldado amigo. 
Abajo, codo con codo, 
sobre el lodo. 
Para abajo, no, 
que allí estoy yo.
Soldado, aprende a tirar: 
Tú no me vayas a herir, 
que hay mucho que caminar.

Oniel Moisés Uriarte
Madrid 23 de febrero de 2021
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Patria y Vida, por qué no una opción.

Por qué te ofende ver, en la foto del perfil que me identifica en Facebook, un marco que expresa lo que siento y pienso: “Patria y Vida”, siendo esa la razón más elemental por la que venimos al mundo. No es justo que hoy sigas pidiéndome el silencio cómplice, si sabes bien que no es mi naturaleza. No puedo comulgar más con esa sentencia que exige morir por la patria, cuando la mía que es la misma tuya, se intentó desdibujar de mis derechos al tomar una decisión muy personal de vida y sabes por qué no lo lograron; porque la grabé a fuego en mis entrañas. 

No solo la patria se vive cuando se pisa sobre ella, también se lleva en el corazón, donde es más saludable y mejor se cuida por sus valores y no cuando sobre ella se pisotea por mandato.

Soy tan cubano como tú que me descalificas con el manido juego de palabras que envuelves en consignas y lo haces por pensar diferente a tus enunciados, considerándome así tu contrario y en el peor de los remedios, en tu enemigo, sentimiento que no abrigo.

En las notas de nuestro himno nacional se expresa la dignidad de un sentimiento que bien identifica el proyecto social por el cual, desde su surgimiento, han quedado en el camino tantos y tantos cubanos, a ellos los honramos al expresar “que morir por la patria es vivir” pero no dignifica para nada ese cantar, cuando sabemos que hoy el grito de guerra “Patria o Muerte” es intempestivo, caducado e incita al odio entre cubanos, condenando así a quienes no observan las exigencias del guion único y para los que hoy, irremediablemente: “vivir en la patria, es morir”.

Oniel Moisés Uriarte
Madrid 22 de febrero de 2021
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Reclamo del agradecido.

La historia de un pueblo se escribe día a día y en ella cabe todo aquel que la enaltece, tanto el que en su tierra persevera, como al que se le impone o decide por sí mismo, el desarraigo personal.

Cuando un sistema social consiente que el individuo que ha dignificado su historia, se disipe en la omisión y el ostracismo, es una sociedad condenada a sufrir el latrocinio de aquellos que, valiéndose de tan absurdas negaciones, tienden, ante este, la alfombra del reconocimiento y la valoración, haciéndose acreedores de la gratitud incondicional del que ante el accionar a su favor, se reconoce apreciado. Esa sociedad, sin lugar a dudas, es una nación enferma y urge ser tratada con la más específica receta, que le permita recuperar cuanto antes, la salud como país.

Solo el resentimiento de aquel que, teniendo la sagrada responsabilidad de proteger los valores culturales de una sociedad, es capaz de vulnerar cuantas normas de convivencia conciertan la paz y el respeto entre iguales, resultándole difícil entender, que saber convivir con ello, es virtud y arte, patrimonio de quienes aprenden desde la cuna, la importancia del compromiso y cumplimiento de las normas básicas, que sustenten la armonía de una nación y no pertenencia exclusiva de aquellos que por resentimiento, le agravian.

Al escribir su historia, hay sujetos que merecen ser tenidos en cuenta por la sociedad; el artista, el intelectual y el profesional, a quienes le asiste, fruto del derecho concedido por el reconocimiento popular, ser recordados o mantener vigencia entre sus admiradores, al reunir méritos que les permiten ser incluidos en el glosario que atesore para la posteridad, la obra que representa la identidad cultural de una nación, negarles tal derecho, es falsear la historia, recurso desesperado al que recurre un estado fallido, para amoldar a su beneficio, páginas y protagonistas que menos afecten la maltrecha ideología que mejor les representa.

Un artista, profesional o intelectual que, imprimiendo seriedad y respeto a la creación, pone todo el talento al servicio de la sociedad que pondera su obra, debe recibir, como menos, compensación y reconocimiento, de quienes ven reflejadas sus vidas en la entrega, que solo un virtuoso como él, con el universo que es capaz de generar, puede motivarles. Esos sujetos, por lo que en sí mismos representan para la sociedad, merecen ser apreciados, protegidos y estimulados, nunca deben ser descalificados.

Tomar el camino de la emigración o el exilio, es una decisión nada agradable para quien ha obtenido el reconocimiento entre sus coterráneos y como premio, saboreado la miel del éxito en su tierra natal. Mucho más difícil se hace cuando ha sustentado el triunfo en el esfuerzo y sacrificio personal, el estudio, el trabajo y la tenacidad, esencia misma del que ama y respeta su profesión. Saberse objeto del ostracismo entre quienes se han sentido queridos, es para este, un acto demoledor, inmerecido y condenatorio.

En poco más de treinta años y hasta la fecha, unos, por motivos y decisiones muy personales, otros, por irreconciliables diferencias políticas o sociales, se han ausentado de Cuba, una importante cifra de artistas, intelectuales y profesionales, en su mayoría, admirados y queridos por el pueblo, recibiendo como respuesta por el distanciamiento impuesto, la censura, el descredito, el silencio o en el más crítico de los casos, han sufrido el escarnio público o han sido borrados de la memoria colectiva, por disímiles métodos.

Causa mucho perjuicio al alma, saber que aquellos que dejaron huellas indelebles en nuestras vidas, por ley natural, envejecen o emprenden el viaje sin regreso a otra dimensión, en muchos casos, solos y olvidados en alguna lejana ciudad de este mundo, a donde les han derivado los avatares de sus largas existencias. Bienaventurados los que logran ser rescatados para satisfacción de sus admiradores, desdichados los que aún siguen sumidos en el mutismo y como resortes, saltan en la memoria de los agradecidos, por intermitentes y espaciados momentos de añoranzas.

Insuficiente es lo que podemos hacer, lo sabemos, pero es mucho más que no hacer nada, si somos capaces de traerlos a nuestros días, mostrándoles, a los que nos continúan, el camino, que junto a quienes admiramos en una importante etapa de nuestra existencia, pudimos recorrer, pero mucho más, si les enseñamos el valor que a estos les representa la eterna gratitud que compensa la compañía incondicional, que en sus mejores tiempos nos brindaran.
Hacerlo, es deber sagrado de los agradecidos, reclamo ineludible a la sensatez y a la reconciliación, es el incentivo para salvaguardar lo vivido como guía de lo que podemos hacer mejor, sin mucho más recurso que la vergüenza, las buenas intenciones y por sobre toda razón, la armonía entre un pueblo todo y la necesidad del respeto a su elección, preferencias y decisiones.

¿Lo merecemos?

Oniel Moisés Uriarte 
 Madrid 17 de enero de 2021
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Oda a mi sensibilidad evolutiva.

Te ruego sepas perdonar esta sensibilidad que me hace tan vulnerable llegado a una etapa de la vida en la que mis sentimientos se manifiestan a flor de piel. Puede que en ello influya el hecho de pasar ya las seis décadas de vida, periodo en el que se exteriorizan con mayor facilidad las emociones.
Me descubro ante la melancolía de mis silencios frente a eventuales sucesos que hasta hace relativamente pocos años podía asimilar como algo tan natural como la vida misma y esto quizás sea lo que me convierta irremediablemente en una persona altamente sensible con un mayor nivel de percepción ante estímulos externos o internos manifestados a nivel físico, emocional y social.

Lo positivo de esta alta sensibilidad adquirida con los años, es que me convierte en una persona mucho más empática con los demás, me permite asimilar mejor las emociones de quienes me rodean, a la vez que me obligo a ser más creativo y perfeccionista. En cambio, la desventaja o lo más negativo que enfrento, es que, en ocasiones, cuando no puedo controlar factores externos, me lleva a un incómodo estado de ansiedad que solo remedio aplicándome una significativa dosis de paciencia.

Estas son las razones por las que te pido tú también seas paciente conmigo y puedas perdonar esta melancolía que me embarga hoy. No son ni uno ni dos, son muchos los motivos que me provocan tal estado, los que asumo y como tal me enfrento, pero no puedo mentirte, hay una razón que es la que más me entristece, sensibiliza sobre manera y presupone un considerable peso en mi conciencia y es relacionado con lo que sucede en mi tierra, la tierra donde nací, esa tierra donde descansan mis ancestros, donde viven mis hermanos, mis amigos y la que ya hace muchos años decidí dejar atrás.

Cuba es mi motivación, mi razón de ser y mi anhelo, pero también es mi pesar, lo que más duele en mi alma y me abate irremediablemente al ver la penuria en la que se va consumiendo día a día. Ya no es la misma tierra que en otro siglo habité, porque hoy se ha convertido en una tierra de silencios, oscuridad y tristezas, tierra de carencias y sobrevivientes que pugnan por un amanecer incierto, un futuro sin esperanza y un pasado que se añora no por mejor, sino por haber sido algo más indulgente.

Cuba me ha dejado un gran vacío de afectos, de ellos, muchos son los que, como yo, han preferido poner tierra de por medio, algunos, no pocos, han partido definitivamente, quien sabe a qué dimensión, mientras otros, sin más opción, se han dejado la lucidez en el camino, por el que deambulan hoy, entregados a la feroz vileza de alucinaciones pretenciosas, de volver algún día, a un presente mejor.

Aquellos, que, sin otra elección, han quedado varados en las raíces de nuestra depauperada tierra, envejecer, sumidos en incertidumbres, carencias y tristezas, ha sido la única opción que han recibido por oferta y me aflige verlos errar sin destino, sufrir la negación del derecho a prosperar y recibir una miserable pensión incapaz de cubrir mínimas necesidades.

Me entristece ver como la única alternativa que hoy encuentran los jóvenes nacidos en mi tierra sea, en el mejor de los casos, atravesar, sin retorno, la puerta de salida del aeropuerto o bogar sobre un inseguro mar infestado de hambrientos escualos, ávidos de sangre inocente. Incluyo en este padecer a aquellos que venciendo obstáculos y a base de sacrificios, logran concluir una carrera, sin más aspiraciones, que las coartadas libertades del ejercicio subyugado de su profesión, viéndose obligados a elegir también como mejor opción, la evasión definitiva.

La sensibilidad que de forma vertiginosa ha evolucionado en mí, hace que cada vez me sienta más frágil frente a la melancolía que induce tantas carencias, a la vez que pretende, sin clemencia alguna, doblegar la ya maltrecha voluntad que me asiste. Esta misma melancolía que provoca se nublen mis ojos cuando veo niños, que, desde la más cándida inocencia, demandan un mínimo de sueños vulnerados, provocados por la inexistencia de mínimos recursos materiales con los que pudieran consumarse minúsculas quimeras.

Abatimiento me provoca la desilusión de la madre que por más pretensión que tenga de llevar a la mesa de su prole, el plato ineludible con el que sensatamente poder sustentar la crianza, se ve ante la imposibilidad de cubrir tales necesidades básicas, como resultado de carestías cómplices de errores repetidos, trillados y no asumidos.

Acompaño en su vergüenza, al individuo con decoro, que se ve obligado a inclinar la cabeza ante el imposible de cumplir su rol de padre protector, cabeza de familia o adalid del destino de sus descendientes. Vergüenza que me causa ver cómo tan ineludible responsabilidad es provocada por la insignificante retribución que recibe como fruto de su trabajo y esta no le permite cubrir necesidades básicas que demanda la modesta canasta familiar, viéndose reemplazada por la vergonzosa alternativa de recurrir al auxilio de quien desde el exterior pueda sustituirle en el compromiso que no elude, pero no puede afrontar.

Me conmueve y apesadumbra no reconocer mi ciudad, esa ciudad que con tanto orgullo he llevado por doquier en mis ojos, en mis labios y en el corazón, ciudad que me apena ver sumida en penumbras, escombros, inmundicias, incompetencias, desidia, inconformidades y enfrentamientos. Una ciudad que siempre fue orgullo, hoy no es más que timidez. De una ciudad que un día fuera envidia arquitectónica, hoy sus ruinas causan desdeño, reflejándose en fachadas despintadas, soportales en ruinas, columnas corroídas y edificios devastados. La que alguna vez fuera mi ciudad, hoy me es ajena, siendo esa ciudad de la que un día partí, para convertirme por voluntad propia en su eterno ausente, la que hoy me desgarra el corazón.

Perdona mi sensibilidad, espero que comprendas las razones que me motivan, ya tengo una edad y creo poder permitirme tal sentimentalismo, no me hace mejor ni peor, pero me hace humano expresar lo que pienso y siento. Por leerme te agradezco sinceramente, ¡ah! y fíjate que no te pido compartas mi opinión, solo te pido la respetes como respeto yo tu punto de vista, eso nos hará más dignos y en algún momento podremos encontrarnos en espacio común que lejos de enfrentarnos, permita fundirnos en un fraternal abrazo.

Oniel Moisés Uriarte 
Madrid 9 de enero de 2021
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Reflexión para tiempo de descuento.

Un nuevo año se ha puesto en marcha marcado por la necesidad de dejar atrás a su nefasto antecesor. Hemos despedido el triste periodo en el que una importante mayoría de los mortales nos hemos visto en la obligación de afrontar aislamientos, tristezas, silencios, separaciones, abrazos cancelados, besos suprimidos, sonrisas disimuladas y despedidas solitarias. Una etapa oscura, que muchos preferiríamos borrar de la memoria, por lo que en sí misma ha entrañado.

Con la entrada del nuevo año, una fase muy diferente a todas las antes vividas, se ha puesto en marcha, siendo para la inmensa mayoría, tiempo de expectativas, esperanza e ingente necesidad de volver a lo cotidiano de nuestras vidas, al menos como símil de la normalidad que antes disfrutáramos.

Que tal propósito sea permitido, dependerá de la voluntad de quienes, desde ciertos gobiernos, en manifiesta incapacidad y errores tras errores, se esconden en la injuria y voluntad malintencionada de responsabilizar a sus gobernados, a la vez que culparnos, por las incidencias incontrolables de crecientes e imparables contagios del flagelo, que, en forma de virus, azota hoy a la humanidad.

No voy a recrearme mintiéndome a mí mismo, no lo hice a lo largo del año 2020, no lo hice en el momento de su despedida y no voy a hacerlo ahora, en un año que comienza con tanta incertidumbre y del que por sí mismo, muy poco espero. Su generosidad y desarrollo a mi favor, dependerá de la fuerza de voluntad, ingenio para reinventarme y la constancia que, siguiendo un objetivo, le imprima. No quedando otra alternativa que resetear mis objetivos y mirar los propósitos desde otra perspectiva en los que priorice proyectos realizables en las actuales condiciones impuestas.

Como a tantos, el 2020 me cambió la vida, saturado por informativos en televisiones sin límites de cuotas para retratar el horror y así transmitirlo, induciendo los más impensados miedos que hasta esos momentos de mí vida, por insospechados, nunca habían logrado inquietarme. Cambió mi vida a fuerza de cifras escalofriantes, crudas imágenes, testimonios rebuscados y mensajes tóxicos en extremo. Cambió mi día a día al limitar la movilidad a un mínimo espacio de cincuenta metros cuadrados durante interminables semanas que transcurrían amparados por un decreto institucional en su misión de evitar posibles oleadas, la más socorrida palabra hoy, que obliga y permite restringir libertades ciudadanas.

Como resultado de tal saturación de información, la que de forma voluntaria consumiera, el miedo caló muy hondo en mí en las primeras semanas de aislamiento, logrando inmovilizarme frente a la pantalla del televisor para intentar entender, a la vez que asimilar, todo cuanto acontecía como resultado de un virus que se extendía de forma indetenible y en su paso arrollador iba sumando cifras de contagios y descontando vidas inocentes que se iban apagando en la más absoluta soledad. Desde entonces, el tiempo ha transcurrido muy lentamente, los contagios han aumentado y las víctimas se han multiplicado, cuando ya parece que estamos saliendo, volvemos al punto cero y a comenzar de nuevo, algo que ya por habitual, nos alecciona para convivir con ello.

El no saber cuánto puede extenderse en el tiempo la situación actual que vivimos, no es razón para renunciar a mis necesidades básicas de convivencia, de comunicación interpersonal e interrelación social, aun cuando en ello vaya implícito, como remedio infalible, el uso del método más recurrido hoy en Internet, las redes sociales y en ellas me sustente, para de forma racional, conservar la tan necesaria sensatez que se requiere en tan excepcional momento que me está tocando vivir.

Reinventarme, es la única solución en mis manos para buscar nuevas alternativas que ocupen tiempo y mente, aunque en ello no vaya implícito el resultado económico requerido para cubrir necesidades todas y sea la mejor forma de esquivar consecuencias adversas, resultado de la presión que incertidumbre y despropósitos me van poniendo por delante. Así enfrento el nuevo año, siendo consecuente con la necesidad impuesta por los tiempos que corren.

¿Qué todo esto pasará? No cabe duda. ¿Cuándo pasará? En el momento que mitigue la agresividad no solo del virus, también la de aquellos que ven en el poder, formas de control a imponer, que desvíen la atención de temas vitales. ¿Cómo pasará? Adaptando mi vida a las exigencias del momento, para definitivamente convivir, como desde siempre lo he hecho, con otros tantos flagelos como el que actualmente me condiciona.

Optimismo, motivación, pasión, interés, disposición, claridad y sobre todo mucha fuerza de voluntad, serán sin lugar a dudas, factores que me acompañarán a lo largo de este año del que acepto su reto, aun cuando para recorrerlo, me vea precisado a estrenar, con seguridad y convencimiento pleno, mi estrategia para enfrentar esta nueva etapa: “Vivir en tiempo de descuento.”

Oniel Moisés Uriarte
Madrid, 5 de enero de 2021.

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Confianza en un amanecer patrio.

Urge en mí, sin eludir compromiso propio, la necesidad de confiar en la ingente capacidad de cubanos todos, para asumir la cuota de responsabilidad histórica, que nos corresponde cuando la patria demanda la unión de sus hijos.

Espero de quienes en sus espaldas recae la responsabilidad de hacer digna la vida de un pueblo que reclama, en legítimo derecho, ver cumplidas promesas forjadas al calor de momentos de euforia y transformaciones que auguraban un futuro mejor, no pongan objeción a tal demanda, ofreciendo la respuesta mesurada que, convenza, mitigue y reconozca como semejantes y no contrarios, a quienes hacen de su día a día, una constante búsqueda de soluciones paliativas a carencias objetivas. También confío que aquellos que han sido agraviados por disentir decretos, tengan la capacidad de eximir de culpa a quienes, de forma absoluta, han impuesto obediencia a sus criterios.

Si hoy, es responsabilidad de todos los cubanos, salvar la patria, ineludible es llegar al consenso entre los que sueñan una Cuba mejor y quienes nunca han vedado el derecho a soñar, pero han considerado afrenta compartir sueños que no comulguen con sus doctrinas. Quizás no sea tardía la semilla que sembremos, si intentamos plantarla entre todos, seguramente la cosecha que recojamos bien podría garantizar el buen reparto. Demos la fuerza a Cuba que hoy necesita y hagámosla entre todos, resurgir como la que alguna vez fuera, pura y renovada.

Pero para que esto llegue a suceder, tendríamos primero que sentir la necesidad de formar parte del pueblo culto que alguna vez pudimos ser, porque solo así aceptaríamos al de al lado, no como ajeno, sino como propio o como igual, asumiendo que aplaudirle por su talento, valor u osadía, no es acto que nos humille, sino que nos honra. Podemos o no, estar de acuerdo con la forma de pensar de quien se reafirma en sólidos principios, pero cuando prima el respeto ante una opinión, con discrepancias, pero sin alharacas, sin burlas, sin ofensas, sin agresión ni violencia verbal, podremos exigir el mismo respeto por la nuestra, que debe ser también escuchada en igualdad de condiciones, ante la lección de pudor que solo el silencio, es capaz de transmitir.

Quien no respeta derechos, no debe exigir se cumplan los suyos. Respetémonos primero nosotros mismos, respetando a nuestros compatriotas, solo así es posible sumar la fuerza moral necesaria, con la que podamos demandar reconocimiento al derecho que nos asiste, en cualquier lugar de la tierra donde nos encontremos, que es hacer respetar a fuerza de sensatez y firmes argumentos, el derecho de todo un pueblo a decidir con dignidad su destino. De un pueblo enérgico como el nuestro, no cabe esperar otra respuesta que el respeto a su historia y que esta, nos restituya la confianza en un amanecer patrio.

Oniel Moisés Uriarte 
Madrid 22 de diciembre de 2020.

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Diálogo íntimo con la madre ausente.

Madre, buscando la cálida imagen que, en la Habana, nuestro balcón nos regalaba cada amanecer, hoy, al saltar de la cama, he mirado a través de la ventana de la habitación y he visto muy diferente la calle que desde hace más de quince años ha estado ahí, frente a mí, imperturbable y fría a tan temprana hora de la mañana del invierno más sombrío que haya vivido en Madrid y el hecho de no reconocer mi calle de hoy, puedo asociarlo a la necesidad de caminar cada rincón de la ciudad que me viera nacer, aunque sea sustituyéndola en mi mente, por esta donde habito.

Desde siempre, mucho he echado en falta esa Habana que siendo muy pequeño se metiera muy hondo en mi piel gracias a usted madre y como no podía ser de otra forma, el haberme marchado de ella hace más de veinte años, fue sin dudas la más perentoria decisión jamás tomada. Atrás dejé mis raíces, solo cuando su inmenso corazón dejó de latir, le confieso hoy que su presencia era la única razón que me ataba al desatino de una década que desde sus comienzos se perfilaba convulsa. No eran necesidades materiales lo que me removía, eran las consignas insustanciales llenando las calles de una ciudad oscura y agónica, la falta de silencios, cuando sobraban discursos envueltos en premeditados intentos de desviar la atención de las más fundamentales carencias y el hecho mismo de ver como la honestidad, el civismo y el decoro iban cediendo espacio a los más bajos instintos que a una sociedad puedan representar. Comenzaba entonces el desvarío que se extiende ya por más de treinta años con título identitario; “Periodo Especial en tiempos de paz”.

Perdone usted mis palabras madre, pero no concibo, en su ausencia física, otra forma de expresarme, sabe que siempre así lo hice, o no recuerda aquella conversación nuestra en los albores del aciago año noventa, cuando su cuerpo ya no resistiría el peso de un corazón maltrecho y en ella le revelaba los últimos acontecimientos acaecidos en países donde años atrás se implantara un sistema social que bien pudo considerarse el más justo y como papel copiado se había instaurado en nuestro destino. Ya para entonces, por sus propios errores, se desmoronaban postulados que no se sostenían por insustanciales, mientras en la isla buscábamos, sin salirnos de la senda infructuosamente recorrida, otra forma de justificar la necesidad de una continuidad histórica.

Sé que a usted madre, aquella conversación le pudo servir para entender la cruda realidad que enfrentaba el hundimiento de lo que hasta ese momento significara una sólida ideología, pero por respeto a sus principios, la entrega en cuerpo y alma a la causa en la que creía y sus convicciones políticas, entendió oportuno intentar ver el lado positivo de una decadencia anunciada.

Para su orgullo madre, nunca he sido, no soy y no seré jamás, usurero de ideas impostadas por una cuenta corriente que influya en mi definición de patria. Quiero lo mejor para los nuestros y lo digo sin resentimientos, para todos, porque todos somos dueños de nuestra verdad, de nuestra historia y de nuestro futuro. La isla es de todos los cubanos nacidos en esa tierra y de quienes hayan adoptado su nacionalidad, Cuba es de los que tomamos el difícil camino de la inmigración y de los que en la isla quedaron a la espera del momento que las promesas dejaran de ser solo promesas sobre papel escrito o arengas en discursos manidos, para ser realidad cotidiana.

Cuba hoy, más que en toda su historia, necesita del conjunto de todos sus hijos, cuando el mundo, cual alud, rueda sin frenos, arrastrado por la irreflexión de falsos creadores de dogmas y modernidades, realidad que a los cubanos no nos es ajena. Por qué entonces madre no puede abrirse, allí en nuestra tierra, la tierra de todos los cubanos, espacios de convivencias, por qué no dejamos que la inventiva y la creación reemplacen la invalidación por decreto de tan necesarios y útiles recursos humanos. Madre, quienes tenemos al alcance de la mano lo indispensable para vivir, sabemos lo útil y necesario que se nos hace en nuestro día a día, para quienes del día a día hacen de lo indispensable, algo necesario para poder vivir con lo que alcanzan, no es nada útil, no es nada fácil madre mía. No es justo ni humano tantas carencias, por qué no permitir entonces que al menos intentemos atenuar tan precaria actualidad sin que ello signifique alimentar la pasividad de quien no tiene otra opción, que la espera por la dadiva que llega a través de una fuente externa, muy ajena al resultado que con esfuerzo propio se pudiera obtener.

Hoy ya no espero nada madre, en lo personal, he sobrepasado esa franja de edad que usted fijó para su partida y ya voy en tiempo de descuento, solo me apena que usted en silencio haya comprendido que aquel éxtasis, que hace más de seis décadas, alimentara sueños de vivir en un lugar único y mejor para todos los cubanos, no fueran más que promesas que no se cumplirán, porque la voluntad es incompatible con las ambiciones.

Volveré a la cama madre, mejor retomar el sueño y prefiero me acompañe hasta que me duerma, alisando el escaso cabello que el tiempo transcurrido desde su partida se ha empeñado en blanquear, seguramente arropado en el edredón de plumas sienta el mismo calor de aquellas noches habaneras que usted con su ejemplo me enseñara a afrontar sin lujos y con austeridad. Gracias madre por entenderme y estar a mi lado siempre, aún en su ausencia.

Oniel Moises Uriarte 
Madrid 19 de diciembre de 2020.
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Reflexiones para un año que agoniza.

Cuba me duele como nunca, me lacera y entristece, con el mismo dolor que se siente al ver a un ser querido languidecer en su lecho, convulsionar y retorcerse entre estertores que estremecen.

Cuba me agita en su desatino e incierto recorrido por el que ha avanzado hacia el desconcierto, ocupando mi tiempo en una vigilia que podría experimentar como un estado de ánimo pasajero si no fuera por lo que ya dura en el tiempo; sesenta y dos años de distribuir migajas entre muchos y privilegios entre pocos.

Entonces me acusas de no serle fiel y entrañar rencor. ¿Cómo piensas que puedo odiar lo que más quiero, lo que me hace más fuerte cada día y me acompaña a afrontar carencias inmateriales en tanta lejanía? No siento odio y nunca lo sentiré, porque mi naturaleza lleva el ADN del amor bajo la piel y puja por emerger, cual tatuaje grabado a fuego, con dedicación y nobleza, por quien engendró en su vientre durante nueve meses, mi corazón.

¿Cómo voy mancillar mis recuerdos de infancia y ofender la historia que aprendiera de memoria, devorando libros en noches interminables de mi adolescencia? No podría hacerlo, sería mancillar la memoria de quienes sustentaron con su ejemplo mi definición de patria.

¿Cómo podría negarle mi mano, mi apoyo y mi fuerza cuando ella lo requiere? Nunca, mi disposición desinteresada me precede, porque desde muy pequeño asimilé sus mejores enseñanzas. Crecí creyendo en las ideas, no en ideologías, porque las ideas hacen grande las mentes buenas, mientras las ideologías empequeñecen voluntades. Aprendí que es más justo quien vive para servir, que aquel que solo es capaz de servir para obtener, a conveniencia, lo que le facilite vivir, acto que solo le convierte en un ser ruin y servil.

Cuba me duele desde el clamor de quienes han tenido que conformarse con despojos, mientras los oídos del despropósito han escuchado cánticos de lisonjas que han conducido a un pueblo próspero y culto al estado de deterioro social en el que se ve sumido.

Es tiempo de unir, no de denigrar, época de dejar de incriminar las ansias de crear. Es la hora de fundar un estado de bienestar sin inculpar al que disiente. Es un momento único y necesario por el bien de todos.

Y a ti, que me imputas por infidelidad, siento mucho que mis palabras te causen tanta molestia, como también siento mucho que me veas como ajeno o contrario por no comulgar con tu forma de pensar. Yo no soy tu enemigo, puedes darlo por seguro. Tu eres honrado porque dices lo que piensas, yo no soy menos honrado por no decir lo que tu piensas, como tampoco dejan de ser honrados quienes hoy se pronuncien en favor del diálogo y la libertad de expresión. Te guste o no, todos somos cubanos, tan cubanos como tú y como yo, con el derecho adquirido a opinar. ¿Es tan malo eso? Si tan fácil es que la opinión pueda desestabilizar un sistema social, entonces revisemos las bases de esa sociedad, algo debe estar fallando. A ti te exonero de culpas, porque no me cabe duda, es muy común que el ser humano piense como vive.

Oniel Moisés Uriarte
Madrid 17 de diciembre de 2020.
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"Recurriendo a Martí"
A propósito del Movimiento San Isidro.

Si no expreso lo que pienso y siento, llegado este momento de máxima tensión que se vive en la Habana, suscitado por el accionar de los artistas cubanos reunidos frente al Ministerio de Cultura, quienes en apoyo al reclamo del Movimiento de San Isidro han alzado sus voces para reclamar el derecho fundamental de todo hombre a la libre expresión, no sería honesto conmigo mismo. Hoy en tales circunstancias, cobra más vigencia la palabra de nuestro Apóstol José Martí al expresar: “La libertad es el derecho que tienen las personas de actuar libremente, pensar y hablar sin hipocresía”.

El hecho en sí mismo ha podido causar indignación en aquellos que inmutables han visto como otros, con o sin razón, se han jugado la vida sin temor a perderla en el intento, reclamando el derecho del silenciado, que también, logrado el propósito, se beneficia con el resultado que pueda ser conseguido a través del reclamo pacifico. Mientras, les es mucho más cómodo, fácil y seguro alabar las glorias del que ostenta el poder de la fuerza.

Estaría de acuerdo con tal indignación, considerándola coherente y totalmente fundada, si los que defienden ideas en las que no se corre el riesgo de cruzar líneas rojas, reconocieran el derecho a manifestar sus opiniones aquellos que haciéndolo saben que puede costarles la salud, la libertad o en el peor de los casos, la vida. Cito otro pensamiento de Martí que bien ilustra lo antes expuesto: “Los hombres sensatos, y de práctica verdadera, no pierden el tiempo en derribar lo que está caído, ni el honor en mancillar a los que lo tienen”.

He leído el reclamo que como manifiesto presentaron los jóvenes artistas que a lo largo de más de siete días se encerraron en el número 955 de la calle Damas del barrio de San Isidro en la Habana y he seguido las noticias del desalojo forzoso, esgrimiéndose la razón de salvaguardar la salud de quienes se encontraban en el interior del inmueble amenazados por las condiciones sanitarias propicias a la propagación del COVID-19. Leí la noticia de la concentración de un considerable número de artistas frente a la sede del Ministerio de Cultura de Cuba y la acertada y coherente decisión por parte de la máxima autoridad de la institución de recibir a una representación de los que se manifestaban. Después de todo esto no sería coherente hundirme en silencio cómplice.

He leído la columna escrita por el periodista Raúl Antonio Capote para el periódico Granma Internacional y he sentido vergüenza por el tono de enojo utilizado en sus argumentos en intento de denigrar a aquellos que no comulgan con sus ideas, a él lleguen sin enojo ni indignación por mi parte, estas palabras del pensamiento crítico de José Martí: “Sólo los débiles se enojan. El hombre fuerte, aun al caer, sonríe. El deber cumplido da una luz que no brota jamás de la vida, ni de la tumba, de los que lo esquivan. Guardemos el enojo para nosotros mismos, por si no nos llega la virtud a la obligación: aunque llegará”.
Hoy, no pudiendo callar ante un hecho tan evidente de inconformidad por parte de aquellos de quienes llevo años defendiendo su arte, trayectoria y obra artística, al menos intento sacudirme del mutismo que intenta ahogarme, como opción, recurro en busca de un poco de sensatez, a la obra del maestro y me deleito con la vigencia de su ideario. Es esta la razón por la que aún sin conocer a ninguno de los jóvenes artistas que iniciaron el movimiento de San Isidro les agradezco por haber tenido la valentía de asumir esa actitud y dedico estas palabras de Martí:

“Esta es nuestra labor. Vimos ese deber, abandonado de los demás, y lo estamos cumpliendo. Más gloria no queremos que cumplirlo. Sólo en el cumplimiento triste y áspero del deber está la verdadera gloria. Y aun ha de ser el deber cumplido en beneficio ajeno, porque si va con él alguna esperanza de bien propio, por legítimo que parezca, o sea, ya se empaña y pierde fuerza moral. La fuerza está en el sacrificio”.

Para quienes no quieren ver más allá de lo que todo este movimiento de artistas puede representar en un futuro inmediato, pero optan por callar, el silencio les honra. Para aquellos que lo apoyan y se identifican con sus reclamos, es muy loable la actitud. Para los que consideran oportuno elevar el discurso enervante, denigrante y ofensivo solo se me ocurre recurrir una vez más al pensamiento martiano:

“Los que no tienen el valor de sacrificarse han de tener, a lo menos, el pudor de callar ante los que se sacrifican, o de elevarse, en la inercia inevitable o en la flojedad, por la admiración sincera de la virtud a que no alcanzan. Debe ser penoso inspirar desprecio a los hombres desinteresados y viriles”.

Perdonen mis amigos todos, con los que me siento a la mesa sin preguntar sus tendencias políticas o religiosas, es el arte lo que está en juego y un pueblo que no defienda el arte está condenado al olvido histórico. Quienes me juzguen, sepan que hoy más que nunca abrazo el pensamiento del más grande de los cubanos tantas veces recurrido y tal como lo hiciera José Martí hace más de un siglo en un artículo publicado en el periódico Patria, el 22 de septiembre de 1894, con el título: El lenguaje reciente de ciertos autonomistas, si me lo permiten, me gustaría cerrar ésta, mi reflexión de hoy:

“El templo está abierto, y la alfombra está al entrar, para que dejen en ella las sandalias los que anduvieron por el fango, o se equivocaron de camino”.

Oniel Moisés Uriarte
Madrid Enero de 2021


 
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