Santigo Habana - El Rincon Cubano

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Santigo Habana

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El oasis de placer en tránsito que fuera.
Hotel Santiago-Habana en la ciudad de Colón.
Por Oniel Moisés Uriarte.

La carretera central, en su recorrido hacia las provincias orientales de Cuba, tuvo al menos dos de los mejores espacios para el descanso de los viajeros, los hoteles Santiago- Habana de la ciudad de Ciego de Ávila y el de Colón, instalación esta última que pude conocer muy bien desde dentro. A esa ciudad llegué en el año 90, momento que la economía local se sumía en el periodo más crítico de su historia. Por entonces Colón tenía 4 hoteles muy importantes, el Continental, el Nuevo Continental, el Gran Hotel Caridad y su hotel insigne, el Santiago-Habana. Este edificio de moderna construcción, con tres pisos de altura, contaba en su interior, justo a la entrada, con una cómoda recepción donde registrarse los huéspedes, un amplio salón restaurante, ubicado a la izquierda de la instalación, un reservado, 
funcional de día como restaurante y en la noche como bar de copas. De frente a la puerta principal del hotel y al fondo del salón, el ascensor que comunicaba la plata baja con los tres pisos superiores donde se ubicaban las 43 habitaciones, entre ellas tres amplias suites para matrimonios. Ubicado en el último piso, un pequeño bar con terraza, desde donde podía verse gran parte de la ciudad.

Por entonces, los huéspedes del hotel tenían como opción, disfrutar el show del cabaret El Patio, espacio muy popular en la ciudad, en el que se presentaban regularmente artistas llegados de la capital, entre los que destacaron Pancho Céspedes y Evelyn García Márquez, hija de la musicalísima Beatriz Márquez, quienes siempre fueron muy bien recibidos como huéspedes en el hotel.

Así llegaba el hotel Santiago- Habana de Colón al “Período Especial”, que comenzara a arreciar en sus limitaciones entrando el año 91, al punto de limitar el número de habitaciones para alquilar, las comidas se recibían de un centro “porcionador”, según el reporte de huéspedes que se entregaba al comienzo del día. Los cortes de electricidad en la ciudad en principio no afectaban al hotel gracias a una planta de emergencia que funcionaba con diesel, pero en la medida que escaseaba el combustible podía llegar a estar sin suministro hasta muy cerca de 12 horas al día. Dejó de funcionar el reservado, el restaurante cada vez tenía menos productos en su menú, la cafetería para garantizar sus ofertas, debía elaborar su propio pan hecho con harina de boniato. Se comenzó a fermentar vino de arroz, para cubrir la necesidad de bebidas alcohólicas en el bar y a partir de la escases de gas licuado combustible con el que funcionaban las cocinas, una carreta tirada por un tractor, viajaba al campo dos veces por semana con el objetivo de cargar madera seca, principalmente marabú, para alimentar el fuego de fogones alternativos.

Quienes conocieron el hotel Santiago-Habana de Colón, aseguran que en principio su objetivo fue dar servicio a los viajeros, que en ómnibus, hacían el trayecto entre esas dos ciudades de Cuba. Llegado aquel periodo de escasez total, el servicio dejó de existir, porque ni los ómnibus en tránsito detenían su viaje como antes y si lo hacían no había nada para ofrecerles. Así se perdía aquel vínculo gastronómico con la red de transporte que marcara la etapa más prospera de una de las ciudades más importantes en la provincia de Matanzas.

No obstante a la crisis por la que atravesaba el municipio, en particular la red gastronómica y muy en especial el hotel Santiago- Habana, no puedo hacer menos que reconocer el esfuerzo que en común realizaban su gente, dejándose la piel en el empeño de seguir siendo un referente de buen servicio y calidad. Al frente de aquel propósito, Delfín Díaz Puentes, el administrador con más tiempo de permanencia en el cargo, su jefe de servicios Samuel, y Orlando, la mano prodigiosa de la cocina.

En el peor momento que viviera el hotel, fue el apoyo recibido por parte de la Cooperativa Agro Industrial (CAI) Sergio González, en la persona de Domingo, su joven director, que se lograra la recuperación de las instalaciones del inmueble, que ya para entonces comenzaban a entrar en una fase de deterioro generalizado. Así, entre apagones, poco abastecimiento y escasez de huéspedes, seguía el Santiago-Habana capeando el temporal, mientras pudo.

Hoy, solo queda del Santiago-Habana, el recuerdo de lo que fue, un recuerdo de gratos momentos vividos entre buenas personas y mejores deseos, que hicieron todo lo que en sus manos estuvo para conservar intacto el bien ganado prestigio de una institución como en su día fuera.

En lo personal, atesoro en mi memoria, importantes episodios vividos entre sus paredes, los que marcaron para siempre mi relación con una ciudad que llevo prendida en mi corazón y a la que me atan lazos que ni el tiempo ni la distancia pueden romper.

 
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