Los Van Van - El Rincon Cubano

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Los Van Van

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Vanvanero fui, soy y seré siempre.
Orquesta Los Van Van de Cuba, un referente.
Por Oniel Moisés Uriarte.

Por los años noventa circuló un chiste entre la población cubana que hacía referencia a un día muy lejano del futuro, en el que se le pedía a un estudiante europeo que expusiera sus conocimientos acerca de una isla llamada Cuba, y este sin pensarlo dos veces respondía: <¡Cuba, si claro, es una isla del Caribe de aproximadamente 11 millones de cubanos, que todos han bailado al ritmo de una orquesta llamada Los Van Van>.

Merecido sería que así fuera, porque Van Van es la historia viva de Cuba, de la que quizás muchas cosas queden en el olvido, pero que seguramente, lo que ha significado esta orquesta para los cubanos, estará presente por muchas generaciones.

En lo personal, soy un fan incondicional de la sonoridad Van Van desde sus mismos inicios, del que fui testigo muy cercano y los viviera en primera persona, imbuido por el entusiasmo que me transmitiera mi hermano mayor, amigo personal de gran parte de los integrantes de la orquesta y que mis apenas trece años, de su mano, ya comencé a ser un fiel seguidor de la orquesta en sus presentaciones.

Entrado en la adolescencia, la música de Los Van Van, se convertía en mi preferida, canciones de sus primeros discos, como Yuya Martínez, La candela, Marilú, La bola de humo, Chirrín chirrán, La Habana joven o Aquí se enciende la candela, fueron temas musicales que pasaron a formar parte de la banda sonora de mi juventud. Además de intentar en lo posible, estar presentes de forma física, en cada concierto que la orquesta ofrecía en la capital o provincias aledañas. Así discurría mi romance “vanvanero” por aquellos años, que fueron sin dudas, muy importantes en el desarrollo profesional de la orquesta, de su expansión internacional y del arraigo en gran parte del gusto popular.

Hoy puedo decir con orgullo que presencie las actuaciones de la orquesta cuando sus cantantes fueron Miguel Angel Rasapls, “El Lele” y el legenario Armandito Cuervo, orgulloso de haber tenido la posibilidad de conocer personalmente y compartir con Marssilli el del chelo, de ser amigo del Yulo, a quien llegué a través de su padre Raúl. De haber visto el estreno de Pedrito Calvo con la orquesta en un bailable que se diera en el Círculo Social Félix Elmuza, antiguo Club Náutico de la Habana. De celebrar el regreso a la agrupación de José Luís Cortés, El Tosco, al ser licenciado del servicio militar. De compartir muy de cerca con Orlando Canto, “El viejo espigón”. De haber conocido a Israel Sardiñas, cuando era bajista del grupo de Lacho y amenizaban la comparsa del Sindicato de Transporte en los carnavales habaneros y que siguiera siendo el mismo hombre sencillo que siempre fue, al entrar en la orquesta Los Van Van. Orgullo de haber contado con el afecto y amistad de Lázaro Morúa y haberle acompañado en momentos difíciles que tuviera que atravesar a su salida de la orquesta. En fin, que la relación con los integrantes de la orquesta siempre fue excelente, incluidos, Gerardito, violinista de la orquesta, Noroña su administrador con quienes coincidí años después como vecinos en la Zona 5 de Alamar, o Pupi, de quien años antes fuera vecino en la calle Industria de Centro Habana y todo esta experiencia tan cercana, vivida con la que considero uno de las más importantes proyectos musicales cubano de todos los tiempos, se lo debo a mi hermano mayor pero en espacial a un amigo que fuera quien le iniciara a él en este amor incondicional por Los Van Van, a Francisco Zuaznabar, Frank para los amigos.

Frank llegó a conseguir que nos hospedáramos en hoteles donde la orquesta hacía estancia en provincias, que entráramos en los teatros y nos posicionáramos entre bambalinas, que viajásemos en el autobús que transportaba a la orquesta a los lugares donde se presentaban, todo esto, como si los cinco formáramos parte de la plantilla de la orquesta, porque tengo que sumar a Gerardo Clemente, “El Plátano” y a Ernesto Yanse, un buen amigo ya desaparecido, que llegara a ser sonidista de la emblemática formación musical. Una de las cosas que incidía en que así podía parecerles a muchos, era el hecho de que Frank nos hacía acompañar de un estuche de violín vacio y en su caso siempre junto a Leyva, Gerardo y Linares, los verdaderos violinistas de la orquesta, pasabamos a los lugares como uno más de ellos. Nosotros podíamos ser, según estuche en mano, cualquier instrumentista de la orquesta.
Para mí es muy importante resaltar el hecho, que cuando Van Van estrenó su canción “No soy de la gran escena”, ésta, llegó un poco, para hacer justicia a aquellos que éramos fieles seguidores de su música y por citar un solo caso, no nos perdíamos ninguna de sus presentaciones en el Parqueo de Guanabo, lugar donde la orquesta tuvo su sede por un largo periodo de su carrera y que no era muy bien visto por las constantes peleas, muchas de ellas llegadas a trágicos desenlaces. Cosa esta que a decir verdad nunca nos afectó para nada y seguimos creciendo, teniendo como preferencia la música que nos tocaba de cerca, la que siempre habló de las cosas cotidianas, de aquellas con las que nos identificábamos en el día a día y que como nadie, el maestro Formell, supo reflejar en sus notas musicales, como también marcarle a otros compositores el camino que realmente ha identificado su proyecto por el que luchara hasta el último suspiro.

 
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