Los quinces - El Rincon Cubano

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Los quinces

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Cumplir 15 años en Cuba...una odisea.
El festejo más importante de una adolescente.
Por Oniel Moisés Uriarte.

Tal vez hoy no se le dé la importancia que tenia por aquellos años, en los que el hecho de nacer en la familia una niña ya era motivo de buscarle un lugar en el frigorífico a la botella de sidra El Gaitero y correr al banco para abrirle una cuenta de ahorros para cuando cumpliera sus quince años.

La fiesta de quince tal vez fuera el acontecimiento más esperado por cualquier familia cubana que en su seno creciera una niña, el más agobiante si se trataban de dos y el más de los desquiciante, si eran tres o más las féminas en la familia.

Alquiler del salón para celebrar la fiesta, el montaje del baile en parejas, los trajes para los variados cambios la noche de fiesta, selección de los invitados, la elaboración de un cake que diera categoría a la celebración, de los comestibles que componían la cajita de cartón, del ponche “engaña bobos” hecho a base de frutas y ron, en el mejor de los casos. La compra de las escasas cinco cajas de cervezas y refrescos “Son”, que tocaban por núcleo familiar, los zapaticos de primor y el alquiler de los servicios profesionales de un fotógrafo que recogiera para la historia tamaño acontecimiento. A toda la odisea anteriormente citada hay que agregar que pasado el esperado día de fiesta había que celebrar “el píque” donde se citaban en la casa de la homenajeada los integrantes de las parejas del baile de quince y los más allegados amigos y familiares.

Yo fui en algún momento de mi vida “un bailador de quinces”, hasta que a alguien de los integrantes de la tropa que regularmente conformábamos el núcleo de bailadores, se le ocurriera que era más negocio que yo enamorara a la chica homenajeada y así pasaba a formar parte de la familia, disponiendo de mejores opciones para garantizar bebidas y comida a los del grupo en la celebración.

Fueron tantos las fiestas de quince en las que participáramos como tropa bailadora, que llegó el punto en que aparecíamos en las fotos de muchas quinceañeras en casi todo Centro Habana y La Habana Vieja y yo por supuesto al lado de la muchacha en mi papel de “novio pedido” que era. Esto me creó algún que otro problema ya que la relación duraba lo que los ensayos y el día de la fiesta, pique incluido y algún que otro padre olfateara la intención y me conminara a mantener el noviazgo pasado el acontecimiento festivo, pero recuerdo uno en especial que dos días antes de la fiesta me esperara en la puerta de mi casa en la calle Monte, haciéndome subir a su auto Mosckovich color crema y llevarme al parque Maceo. Allí me dio un sermón de padre y muy señor mío, amén de las amenazas proferidas si aquello que yo estaba haciendo era un juego con su hija, suerte que no vivía con ella y que la madre de aquella chica me había cogido cariño y al enterarse de la acción belicosa de aquel, me defendiera hasta el punto de liberarme de toda responsabilidad de seguir o no con la niña pasadas las fiestas, algo que por supuesto lograra el efecto contrario, formalizamos la relación y seguimos bastante tiempo después, no puedo decir si en ello incidiera la agresiva actitud con la que siempre me mirara el padre o la buena amistad que hice con la pareja de la que era ya mi suegra por definición, un cantante de “filin” que trabajaba en el salón de un conocido hotel del Vedado donde se reunían máximos exponentes y los amantes del popular género musical cubano.

Demás está decir que en aquella fiesta que marcara mi declive como bailador de quinces, me estuve más tranquilo que “tate quieto”, por tanto, aquella noche mis coterráneos no pudieron disfrutar de los privilegios de ser amigos del novio de la de los quince y con ello beber y comer a sus anchas, lo que les tocó les tocó y no hubo más. Yo por mi parte me pasé la noche sentado frente al mal suegro quien no me quitaba ojos de encima salvo cuando nos levantábamos a bailar una canción y nos perdíamos entre los bailadores.

Seguramente hoy ya no será como antes, porque cada época tiene su sabor intrínseco, tal vez sea más fácil o más difícil para los padres la realización de los quince de sus hijas, pero de lo que si estoy seguro, es que la magia de aquellos años fue única para todos los que nos tocara vivirla como protagonistas.


 
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