La Caridad - El Rincon Cubano

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Cuando la procesión iba por dentro.
En el día de la Virgen de la Caridad el Cobre.
Por Oniel Moisés Uriarte.

Es una virgen diminuta en su aspecto e inmensa en la devoción que le profesan cubanos y cubanas de una punta a otra de la isla. Es la más cercana, la que toda Cuba adora, patrona de una isla que lleva en sus venas, sino la religión, al menos la esperanza. Esa virgen es La Caridad del Cobre, la que el pueblo celebra su aparición cada 8 de septiembre, esa virgen es nuestra “Cachita”, si, porque así somos los cubanos, íntimos hasta con nuestros santos y vírgenes.

Ella es nuestra madre, a la que pedimos salud y desenvolvimiento, a ella recurrimos para salvar de una enfermedad al familiar o al amigo, para que un embarazo llegue a buen término, para que nos asista cuando las dificultades económicas asedian. Ella siempre está ahí en forma de 
pequeña piedra negra y brillante, lo mismo en nuestro bolsillo, la cartera de nuestras mujeres o sencillamente en un colgante o llavero, es la piedra que nos trajimos del cobre, donde reina en su gran santuario.

Ella acompaña a muchos de nosotros en la medallita heredada de nuestra abuela, en una estampita o su imagen colocada sobre el altar dedicado a nuestros ángeles protectores. Así somos los cubanos y mucho más aún cuando estamos lejos de la tierra que nos viera nacer, creemos en ella porque nos va en venas, porque ha pasado de generación en generación y porque cada vez más necesitamos de su protección.

Hoy creo justo recordar un hecho que sin lugar a dudas marcó la vida de los cubanos y cubanas dentro de la isla. Con la visita a Cuba del Papa Juan Pablo II en septiembre de 1998, fueron autorizadas por primera vez, después de una suspensión de casi cuarenta años, las procesiones públicas y dos años después, El 13 de mayo de 2000 fueron consagradas todas las diócesis de la Isla ante la Virgen de la Caridad, en la basílica de El Cobre, con la asistencia de los obispos cubanos.

Pero la verdadera razón de este recordatorio se refiere a la primera vez, después de aquella autorización por parte de las autoridades cubanas, que saliera en la Habana, la procesión de la Virgen de la Caridad del Cobre. Fue el 8 de septiembre de 2001 cuando varios centenares de fieles devotos de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, acudieron a rendir tributo a su imagen en una procesión realizada en la barriada habanera de Centro Habana. El cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana, encabezó la procesión religiosa que recorrió una docena de manzanas alrededor de la parroquia, donde después oficio una misa.

Para mí, que me encontraba visitando a mi familia en la Habana, me tomó de sorpresa aquel hecho totalmente inédito, nunca antes, en todos los años que viviera en Cuba, fui testigo de un acto tan emocionante como el que estaba sucediendo allí en aquella calle cercana a la iglesia de la Patrona de Cuba.
Recuerdo que había salido de uno de los restaurantes en el barrio chino cuando la procesión ya tomaba la calle Zanja. La imagen de la Caridad del Cobre rodeada de azucenas, iba instalada sobre el techo de un vehículo, y a su paso los fieles devotos le daban vivas, hacían oraciones y entonaban la canción “Virgen Mambisa”, un himno a la Virgen de la Caridad, escrito en los años 70 por Rogelio Zelada, quien por entonces dirigía el Coro de Cristo Rey.
Entre el organista Orlando Rodríguez y el hicieron muchas piezas musicales que hoy son parte del cancionero litúrgico cubano. La intención era "dotar al pueblo sencillo de cantos" con los que pudieran expresar su devoción mariana. En una noche, él escribió la letra y el organista compuso la música y se estrenó un 8 de septiembre en la parroquia de la Virgen de la Caridad del Cobre en La Habana. Originalmente, el himno decía "da libertad a tu pueblo, siembra amorosa la unión". A causa de la censura y por pedido del Arzobispo que temía posibles represalias contra la Iglesia, sufrió un cambio. En lugar de los versos anteriores, se cantó "da la unidad a tu pueblo, siembra amorosa la unión".

Aquel acto me conmovió al extremo de hacerme saltar lágrimas de alegría, Cachita lograba salir del recinto donde por años estuvo confinada, para recorrer las calles de la Habana rodeada de sus fieles.

Todos los que hemos vivido en la isla conocemos el tabú que, durante años, significara la manifestación de creencias religiosas, máxime si optabas por alguna carrera universitaria, algún viaje al exterior o sencillamente a un puesto de trabajo de confianza. Nadie estuvo exento de esa limitación, al margen de que creyeras o no en un determinado santo, virgen u oricha de la religión afrocubana. No había planilla de solicitud en la que faltara dentro del cuestionario: ¿practica alguna creencia religiosa?, bastaba que te equivocaras de casilla para que tu pedido fuera rechazado.

Yo tengo fresco aún el ejemplo de mi madre, quien por estar integrada al proceso siempre tuvo que llevar muy en silencio su devoción por la Virgen de la Caridad del Cobre, pero aquello solo generaba una doble aptitud moral entre los cubanos, que al igual que ella, llevaban la procesión por dentro y nunca, en los años que viviera, dejó de acompañarle su piedrecita del Cobre y su estampita de La Caridad.

Por ella y por todos los que nunca pudieron ver aquella imagen de libertad religiosa de la que yo un día fuera testigo, va este recuerdo, en el día que la Virgen de La Caridad del Cobre, porque nuestra “Cachita” está de celebración.


 
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