Jesús María - El Rincon Cubano

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Amalia, orgullo de su gente.
El Barrio de Jesús María en la Habana.
Por Oniel Moisés Uriarte.

“Nosotros los amalianos señores, sabemos divertirnos, por eso lo invitamos pá que vengan a gozar, a mi Amalia”… así reza el estribillo de la Rumba de Amalia, grabada por la Sonora Matancera en la voz del gran rumbero que fuera Carlos Embale y no es la única pieza musical donde se hace referencia a este popular barrio habanero, llamado Jesús María. Eliseo Grenet en su pregón “Ay mama Inés” le cita cuando en su letra reza. Belén, Belén , Belén, a donde tu estás metía que por tó Jesús María yo te buscá y no te encontrá.

El barrio de Jesús María y José fue el nombre completo con el que se le bautizara definitivamente en 1753 , al levantarse en la calle Revillagigedo una ermita en honor de la sagrada familia integrada por Jesús, María y José. Anteriormente se le conoció como el barrio del “Manglar” por estar enclavado en un terreno cenagoso y cubierto de mangle.
Aunque en lo personal nací en la frontera de los dos populosos barrios habaneros, Los Sitios y Jesús María, me considero “amaliano” de pura cepa, porque mis años de infancia y parte de mi adolescencia la viví caminando de punta a punta el barrio y esas calles que le integran.

Lo de llamar “Amalianos” a los vecinos del barrio se deriva de una negra llamada Amalia, que vivió en Jesús María en el siglo XIX, protectora de revolucionarios y esclavos perseguidos por las autoridades coloniales, a quienes escondía y facilitaba la salida como polizontes hacia Haití u otras tierras, era además la Madrina de los centros ñáñigos del barrio, lo que hizo que los humildes habitantes ayudados por ella, se autonombraran, hijos de Amalia.

No se puede hablar del barrio sin mencionar la sociedad Unión Fraternal, ubicada en la calle Revillagigedo entre Gloria y Misión, fundada en 1886, como centro cultural de Socorro y Ayuda Mutua; con salones de bailes, escuelas, farmacias, y otras comodidades para sus miembros, personas “de color”, o sea, negros y mulatos, institución que tuvo como presidente de honor nada más y nada menos que al patriota Juan Gualberto Gómez. Fue también importante en el barrio el Club Atenas, ubicado en la esquina de Zulueta y Apodaca, un centro cultural de carácter clasista, pues sólo pertenecían negros o mulatos profesionales o adinerados y por ultimo recuerdo que en la calle Revillagigedo estuvo la Asociación de Carteros.

Fue el barrio de Jesús María lugar escogido por grandes personalidades de nuestra cultura como fuera el famoso violinista negro Claudio Brindis de Salas que vivió en las calles Águila y Apodaca. En la calle Gloria entre Aponte y Factoría vivió Barbarito Diez, una de las voces más bellas de la música cubana, y en Aponte 125, Rafael Cueto, integrante del Trío Matamoros. En la calle Vives se fundaron la Sonora Matancera y el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro. También en Figuras entre Vives y Esperanza se fundó la orquesta La Ideal, de Joseíto Fernández y no por diferente se puede obviar que, en 1939, en este barrio se formó una de las más importantes comparsas del famoso carnaval habanero, La Jardinera.

El 15 de agosto de 1896 fue inaugurado El Cuartel de Bomberos, situado en la calle Zulueta esquina a Corrales y un poco más adelante la Casa de Socorros, instituciones que por muchos años han sido orgullo de los amalianos.

Yo conozco bien Jesús María porque mis abuelos paternos Lala, y Papito Uriarte, (un reconocido sastre entre los masones) echaron toda su vida en el solar de la calle Misión entre Florida y Alambique, justo donde desemboca la calle Indio. Allí nacieron mi padre y mis tías, allí nació mi hermano mayor, allí pasé mis años de primera infancia. La calle Indio, desde Monte hasta Misión la recorrí incansablemente y cuando aún no era moda caminar por bueno para la salud, muchas fueron las veces que desde la calle Arroyo a lo largo de la calle Corrales caminara hasta Egido y desde Monte hasta la Avenida del Puerto, muchas fueron las veces que jugara a las cuatro esquinas en Talla Piedra o nos coláramos por las rejas de la terminal de trenes buscando pelotas. Ya más adolescente fueron muchas las veces que comiera en La Casa de los Vinos, la “Enrique Galarraga” fue mi secundaria básica, mi primera novia fue de Jesús María, mis amigos también. En Jesús María conocí los toques de santos en sus solares, asistí a muchas misas espirituales donde aprendí a respetar a los mayores y crecí como persona y eso es lo que más agradezco de este humilde barrio hecho por y para gente buena, que me enseñó que no importa el lugar donde nace el hombre, sino que siempre es más importante como se hace a si mismo ese hombre.

 
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