En Mayabe - El Rincon Cubano

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La atracción que mitiga otra sed.
El Mirador de Mayabe y Pancho, el burro bebedor de cerveza.
Por Oniel Moisés Uriarte.

Allá por el año ochenta y dos tuve la suerte de viajar a la ciudad de Holguín y conocer un lugar muy especial de esa bella provincia oriental, “El Mirador de Mayabe”, donde pude comer en su ranchón criollo la exquisita carne de cerdo asada, servida sobre una torta de casabe y la inigualable ración de chicharrones de cerdo, acompañadas de una cerveza cristal muy fría.

Llegué al lugar conociendo la fama de su mayor atracción, “Pancho” el burro que tomaba cerveza, el autentico, padre y abuelo de los que le continuaran después de su muerte en 1992. De aquel ejemplar de color zaíno oscuro y seis cuartas de altura, muy manso y amable se sabe que por los años 70 siempre se aproximaba al ranchón de Mayabe mientras 
los clientes disfrutaban de la deliciosa cerveza y crujientes chicharrones y alguien se le ocurrió darle de beber al animal que gustoso aceptó la invitación, comenzando así su afición por la cerveza. 

Los años pasaron y Pancho se quedó en aquel lugar que se convirtiera en su casa. Gustaba comer masas de lechón asado, chicharrones, aceitunas y caramelos, pero todo acompañado de una buena cerveza fría. Cuando Pancho murió se había tomado 61756 cervezas, todo un record, si consideramos que en una fiesta llego a ingerir 46 botellas de cervezas.

La historia de Pancho, el burro que toma cerveza, corrió como pólvora atrayendo visitantes de todas partes de Cuba y del mundo para conocerle. Se fue haciendo una costumbre entre los hombres ociosos del pueblo subir al Mirador de Mayabe solo para conocer de sus “cualidades”
Desde aquella primera vez que visitara el Mirador de Mayabe siempre que pude volví, regresaba porque me enamore del lugar, me cautivó el entorno donde se encuentra, en lo alto de una colina que, como balcón natural, se abre a uno de los más hermosos paisajes del oriente cubano y porque allí, además de la belleza del paisaje que se contempla desde lo alto de la colina me atraía su famoso personaje, Pancho, el asno que bebía cerveza y masticaba crujientes chicharrones de cerdo.

El entorno que recuerdo donde se acrecentara la fama del burro Pancho era un paisaje exaltado por la naturaleza a solo 8 kilómetros de la ciudad de Holguín, rodeado de una flora y fauna natural, con un clima muy agradable que siempre me concedía una encantadora sensación de tranquilidad. Para llegar al Mirador lo hacía a través de la carretera que se internaba en el campo hasta el desvío que conduce a la cima del cerro. Desde el esplendido sitio me gustaba apreciar la fantástica vista donde resaltaba un impresionante verdor.

Precisamente por esa exuberante naturaleza, El Mirador de Mayabe lo consideraba como un balcón abierto a la vida, en el me sentía en el ambiente natural donde transcurría la vida del campesino cubano. Un bohío real, ubicado entre bosques naturales, grandes cerros y bellas praderas, rodeado de plantaciones de Palma Real, con piso de tierra apisonada, corrales de aves domésticas, árboles frutales y maderables, me creaba esa sensación.

Así es como recuerdo El Mirador de Mayabe, lugar único e inigualable en Cuba, donde el visitante se contagiaba siempre con la alegría de la música tradicional cubana, el verde paisaje de la campiña, el ambiente bullicioso de los comensales bajo el techo de guano del ranchón, degustando los más auténticos platos de la cocina criolla del que emanaban aromas inconfundibles. Allí pude compartir con el juglar mayor de Cuba, el gran Faustino Oramas, más conocido por el pueblo cubano como “El Guayabero”.

Si mal no recuerdo, hasta el año 89, puede viajar a Holguín por trabajo unas cinco veces más y a mediados del año 91 volví en pleno “Periodo especial”, cuando poco tiempo antes en la provincia se comenzara a elaborar una cerveza donde en la etiqueta aparecía el burro Pancho y se identificaba por el nombre de “Mayabe”. Sentado a una mesa del ranchón pedí la comida a la que ya estaba acostumbrado de las anteriores visitas, entonces comencé a notar que el servicio era lento, que el personal que entonces trabajaba atendiendo las mesas no tenían dominio de la actividad, además que la oferta no era tan amplia como ya conocía.

Aprovechando la ocasión, quería probar la nueva cerveza que se elaboraba en la provincia y por supuesto que no pensé dos veces en pedírsela a uno de los camareros que atento acudió a mi reclamo y cuál no sería mi sorpresa al recibir como respuesta que las cervezas solo se vendían para ofrecérselas al burro Pancho, creí que era una broma por lo que insistí en mi pedido y por respuesta con toda la amabilidad que le permitía la situación, volvió a darme la misma respuesta, lo sentía mucho pero la orientación que tenía era que las cervezas solo se ofertaban para el consumo de Pancho, el burro que ese día se tomaría mi cerveza.

Podrá parecer surrealismo puro, pero fue así, tal y como lo cuento, sucedió en aquella ocasión, en la que para bajar las masas de cerdo fritas y los chicharrones tuve que recurrir a una buena jarra de agua fría, mientras que los turistas invitaban a Pancho a beber aquella cerveza Mayabe que yo no pude probar y de las que una tras otra, el bendito burro, llegara a beber cerca de diez.

Me fui muy desilusionado de aquella última vez que visitara el Mirador, no sin antes echarle la vista a Pancho, que a pesar de todo el alcohol ingerido, ni señas de borrachera daba y que si más cervezas le suministraban más bebía, como el espectáculo que muy bien sabía representar, mientras los que acudíamos a su representación teníamos que conformarnos con verle hinchar la panza con las tantas cervezas Mayabe que aquel día había podido tomar.

 
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