E. Arredondo - El Rincon Cubano

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E. Arredondo

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Detrás de la fachada… suceden tantas cosas.
El popular programa de la televisión cubana.
Por Oniel Moisés Uriarte.

Si algo nos enorgullece a los cubanos, es el hecho mismo de haber sido el primer país, después de los Estados Unidos, en estrenar televisión en América, fue en 1949 cuando se realizara la transmisión de un partido de béisbol. Esto, seguramente, mucho tenga que ver con la afición que desde entonces hemos tenido los cubanos por el gran invento. Como también puede incidir que fuera la televisión, en aquellos años, un artículo de lujo que no se podía permitir cualquier familia, siendo solo los acaudalados, miembros de la alta burguesía, los que podían acceder a su adquisición. Hablamos de la década del cincuenta, cuando aún la clase media proliferaba, pero muy lentamente. Llegados a los años setenta, comienzan a aparecer en las casas más humildes los primeros televisores rusos, modelos Krim218 y Elektron, adjudicados a los
trabajadores destacados y vanguardias, en asambleas de servicios de meritos y deméritos, como se les llamaban por entonces a aquellas reuniones obreras. Ya para el año setenta y nueve, se crea en la Habana, una fábrica de ensamblaje de televisores modelo “Caribe” que podían ser adquiridos en las redes de comercio con bonos recibidos en los centros de trabajo. No recuerdo que estos artículos, su compra, haya estado liberada nunca.

Las telenovelas, aventuras, programas infantiles o juveniles y los musicales, formaban parte de la programación de la televisión cubana en la década del setenta. Pero si algo ha deleitado a los cubanos, son los programas humorísticos y sin lugar a dudas “Detrás de la fachada”, entre otros muchos, el preferido por los televidentes. Primero, por la conducción de una de las grandes de la pequeña pantalla cubana, Consuelito Vidal y el reconocido presentador Cepero Brito, con quien compartía esa responsabilidad. Pero si algo hacia que los televidentes semanas tras semanas esperásemos el final del programa “Transito” que salía al aire los miércoles después del Noticiero de las 8 de la noche, era para reírnos con las ocurrencias del inigualable actor cómico, Enrique Arredondo, en su papel de “Bernabé”, de quien se decía y conociendo su calidad actoral, era muy creíble, que trabajaba si guión, improvisando de principio a fin en cada programa.

Sus salidas de tono (sin vulgaridades), en las que Consuelito Vidal era su blanco preferido, le daban un toque muy personal al espacio, ya que se suponía que esta no formaba parte de los ejemplos de cosas que podían pasar en cualquier casa cubana detrás de sus fachadas. Lo que hacía mucho más original que Arredondo se dirigiera a ella como si lo fuera y la involucrara dentro del sketch, situación que gustaba mucho a los televidentes seguidores del programa.
Arredondo, si lugar a dudas, fue durante muchos años el alma de aquel programa humorístico de la televisión cubana y sus ocurrencias dejaron huellas en el pueblo, que fue creando un mito acerca de cosas que supuestamente este decía en algún programa, siendo más una invención popular que fruto de la genialidad del maestro, quien siempre fuera muy profesional en su trabajo.

Pero si, hay que decir, que algunas de ellas trascendieron y no fueron invención del pueblo, fueron dichas por “Bernabé” con toda la intención que sus mensajes enviaran. Hay dos hechos que corrieron como la pólvora, una fue la escena en la que hacía de su hija en el sketch, aparece con una fotografía del líder cubano y preguntado a donde lo colgaba, Bernabé le responde muy directo y con brevedad, -déjamelo a mí, que a este, lo cuelgo yo.
Otra de sus polémicas escenas fue una en que sus nietos corrían chillando por la casa y Bernabé interceptándoles les dice sin muchos preámbulos –se están tranquilos o les siento a ver los muñequitos rusos-

Por supuesto que aquellas ocurrencias las tuvo que pagar con medidas disciplinarias impuestas por la dirección de la televisión ya que cualquier cosa dicha en un espacio con horario estelar y tan popular entre el pueblo, llegaba enseguida a los televidentes, algo que no podía permitirse el gobierno.

Detrás de la fachada fue un programa que reflejaba, hasta donde se permitía, la realidad cotidiana de los cubanos por entonces, de ahí, la aceptación por parte del público que en él, se veía representado. Duró este programa al aire hasta 1987 y por el pasaron destacadas figuras como Alfredo Perojo (Manolo, pareja de Cuca), Rosario Carmona, Conchita Brando, Elena Bolaños (Monga, quien formaba pareja con Bernabé), Eloísa Álvarez Guedes y Reynaldo Miravalles, (formando la pareja de Melesio Capote y Valeria). Pero vuelvo a insistir que fue sin lugar a dudas Enrique Arredondo, al menos en aquella etapa en que Carballido Rey escribiera los guiones, el alma del programa.

Por este gran actor siempre he sentido una particular admiración y orgullo de haber nacido cubano como él. Su libro autobiográfico “La vida de un comediante” lo devoré de principio a fin cuando en mi mano cayera, lo que acrecentó mi preferencia por su personalidad. En el mes de julio de 1988 tuve la suerte de verle en Los Baños termales de Elguea, Villa Clara, donde pasaba unos días de recuperación por la afección que le aquejaba y que terminó con su vida en noviembre de ese mismo año. Con él perdía el humorismo cubano a uno de sus grandes exponentes, irremplazable e inimitable, único, inmenso en la escena, en la pequeña pantalla, en la vida.


 
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