Bailar casino - El Rincon Cubano

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Bailar casino

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El rugir no hace a la fiera.
Bailar casino, condición imprescindible.
Por Oniel Moises Uriarte.

Siempre me han gustado los bailes populares, pero realmente aprendí a bailar casino por pura necesidad cuando cursaba el octavo grado, ya había pasado el primer año de secundaria durante el cual no me había empatado ni con una mosca y es que en aquel tiempo si no bailabas, las muchachas ni te miraban y ya eso para mi era mucho desaire.

Así que un día decidí aprender los primeros pasos y las vueltas más sencillas, para impresionar a las chicas en el más cercano viernes de recreación, donde casi siempre tocaba algún que otro grupo musical que visitaba la escuela. M e costo dios y ansias cogerle la vuelta pero ya para la fiesta de fin de curso yo bailaba hasta en la rueda de casino que solo admitía a los expertos, ah y tenía por novia a una mulata de
ojos azules con cuerpo de criollita de Wilson, se llamaba Gladys, que mulata aquella, (de acordarme nada más quisiera tener la maquina del tiempo y virar pá atrás) y como bailaba, llegamos a hacer una pareja que nos comunicábamos nada más de mirarnos a los ojos o con un leve roce de las manos o cualquier otra parte del cuerpo.

Y llegó el día tan esperado, la fiesta de fin de curso, la hicimos en el liceo de la Habana Vieja, que en aquellos momentos era el emporio del casino, allí, Rosendo y Caruca una popular pareja de bailes de la televisión cubana, había formado un interesante grupo de bailadores de casino y estaban invitados a nuestra fiesta, tenía por objeto establecer una competencia de baile y que ganara el mejor, recuerdo a León un compañero de mi escuela, muy bien parecido y siempre impecable y muy popular entre la población femenina de la escuela, bailaba como un ángel, ¿los ángeles bailan? ¿no? Bueno, entonces como Changó, quiero decir que bailaba que se pasó y ya enseguida la gente del Liceo le quería incluir en sus filas, pero como era lógico, tenia primero que competir como parte de nuestro grupo, y sin mucho alarde, de verdad que estábamos bien afilaos, el acople que teníamos las doce parejas que componíamos la rueda era de envidia y de las composiciones coreográficas, que en realidad eran vueltas bien estructuradas, ni hablar.

Comenzó la competencia y aquellos lustrosos salones, tan iluminados y decorados fueron testigos de una batalla campal, en el mejor de los conceptos, la lucha fue pasillo a pasillo, vuelta a vuelta, solos, improvisaciones, había de todo como en botica, primero competían las parejas y al final las ruedas de casino, yo con mi mulatona estaba orondo, cuando me tocó salir a la pista puse alma corazón y vida y ella puso todo su cuerpo a vibrar, no hacía falta más, al jurado compuesto en su mayoría por hombres, se les caía la baba viendo aquel monumento mover las caderas y los hombros, quedamos en tercer lugar, eso para mi era como tocar el cielo con las manos, León y su pareja en segundo lugar y un muchacho de apellido Larrinaga, quedó empatado en primer lugar con otro que se llamaba Orlando, ambos del Liceo de la Habana Vieja, futuros competidores del programa “Para Bailar “ de la televisión cubana.

Llegado el momento de la competencia colectiva, empezaron los chicos del Liceo incluyendo a los prestigiosos bailarines Rosendo y Cary, aquello era impresionante, vueltas y mas vueltas, cambios de parejas cruzadas, giros a derecha e izquierda, palmadas, voces de mando firmes para dirigir aquella rueda compuesta por quince parejas. Muy bueno todo lo que hicieron, casi rayaban la perfección. Nos tocó a nosotros entrar al centro del salón.

León era quien dirigía la rueda, las ordenes eran precisas y certeras, todo iba saliendo muy bien hasta que ya casi llegando al final de la ejecución donde cerrábamos con un adiós, que no era más que vueltas continuas con la pareja entrelazada, no se si serían las dos pergas de cerveza que se había tomado antes de comenzar esta parte de la competencia, o si fue qué con tantas luces en el salón girando a una velocidad increíble, nuestro invencible León se había mareado, solo recuerdo, porque pasó muy rápido, que lo vi soltarse de su pareja y dar dos o tres pasos tambaleantes hacia el centro de la rueda y caer sentado de culo, quedarse quieto mientras se hacia un silencio fantasmal en el gran salón, de pronto comenzó a vomitarse sobre la cazadora que llevaba, que por cierto, dejaba ver un alfiler de donde colgaba un cartón con la inscripción “alquilado- pendiente de pago.” Allí mismo murieron nuestras esperanzas de ser la mejor rueda de casino de la Habana y allí quedaron sepultadas las ínfulas de Don Juan de nuestro León tusao.


 
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